Capítulo 29

Había pasado más de una hora desde que dejé que María se enfrentara a la causa de mis miedos. No era justo, eran míos, no suyos, ¿por qué debía dejar en manos de otros lo que era mi responsabilidad? Aquello terminaría ese mismo día, y yo sería la encargada de poner fin a todo ese sinsentido.

Fui a buscar a Luna, la rabia quería apoderarse de mi mente, pero mi parte racional me lo impedía. Notaba cómo la sangre se me acumulaba en las sienes, cómo mis músculos se contraían. Tenía que conseguir relajarme, el horrible color de las paredes y el olor a cerrado no favorecían mucho mi estado anímico. Caminar fue lo único que consiguió que yo me sintiera más segura, más fuerte, más valiente, al menos lo suficiente como para enfrentarme a Luna.

Estaban en el departamento de matemáticas. Me costó mucho dar con ellas. Ese era mi escondite, y allí estaban ambas, hablando de mí en el único refugio que tenía en todo el centro.

–          ¡Gema! ¿Qué haces aquí?

–          Buscarte.

–          ¡Sabía que vendrías! ¡Sabía que me querías! –exclamó Luna.

–          No te equivoques. He venido a por María. No creo que discutir contigo lleve a buen puerto. Vámonos a comer –dije mirando a mi amiga-, te invito donde tú quieras.

–          No puedes irte. Gema, te quiero. ¿Por qué no lo entiendes?

–          No tengo nada que entender. Me acosas, me asustas, me persigues. Deberías ser tú quién comprendiera que no quiero estar cerca de ti.

La conversación había llegado a su fin. Aquello debía zanjarse, arrancar de raíz todo lo que Luna estaba cultivando en mí, ese miedo, esa desconfianza, ese temor a salir, a vivir. No podía consentir que manejara mi vida desde unos hilos invisibles, con las manos de una neurótica.

–          Me ha dicho que se ha enrollado con Nuria –le comenté a María mientras comíamos en un restaurante chino.

–          ¿Tú te lo crees?

–          No lo sé. Sí, creo que sí. No gana nada diciéndomelo. ¿Qué te ha dicho?

–          Gilipolleces. Que eres la mujer de su vida, que el tiempo que pasasteis juntas fue la mejor época de su vida, que había cometido muchos errores, que creía que tú le perdonarías todo porque erais una pareja estupenda… Creo que tiene una imagen distorsionada de lo que ocurrió realmente.

–          Ya no sé qué más puedo hacer. No entra en razón.

–          Pasa. Quizá se aburra o conozca a otra a la que perseguir. ¿Te ha dolido mucho lo de Nuria?

–          No. A ver, sí que me molesta que Nuria haya caído tan bajo como para liarse con Luna, pero es libre y que a mí me guste no implica que deba controlar su vida, sino ¿cuál sería la diferencia entre Luna y yo?

María creyó conveniente acercarme a su grupo de amigas. Pensaba que necesitaba un cambio de aires y estaba segura de que me caerían estupendamente. Yo accedí, aunque con algo de recelo. Ya tenía bien cubierto el cupo de mujeres locas en mi vida, y no sabía cómo podrían ser esas chicas.

Fuimos a un bar pequeñito en Chueca. Un par de chicas chismorreaban al fondo, mientras miraban un videoclip en la televisión. María se acercó a ellas y se abrazaron, yo preferí esperar a las presentaciones.

–          Ven, Gema. Estas son Lucía y Nuria.

No podía creerme que Nuria formara parte de su círculo de amigas. Debí poner una cara extrañísima, porque todas me miraban esperando algo de mí que no salía.

–          ¡Gema! No sabía que conocías a mi niña.

–          ¿Nuria es Nuria? –preguntó incrédula María.

–          Hola, Nuria –contesté mientras afirmaba con la cabeza.

–          ¡Qué fuerte! Oye, ¿y a ti qué coño te pasa? Me voy unos días y te lías con una tarada.

–          ¿Qué tarada? ¿Luna? Bua, no fue nada. Yo estaba borracha, me la encontré y se me abalanzó. Solo fueron un par de besos. En cuanto fui consciente de quién era, me fui –hizo una pausa-. Joder, aquí no se puede tener vida privada.

–          Es que hoy hemos estado con ella, y le ha dicho a Gema lo vuestro.

–          Ni puto caso. ¿También sabes lo de Marta?

–          Uis, es verdad, te has enrollado con mi primer ligue.

–          ¿También la conoces? El mundo de las lesbianas es asquerosamente pequeño.

Lucía estaba perdida en toda esa amalgama de mujeres. María me miraba con complicidad, dándome a entender que sabía más de lo que era capaz de asimilar. Yo estaba enamorada de su amiga y ella me había recomendado mil veces que me olvidara de ella y de todo lo que hubiera pasado el año anterior, que reseteara mi vida y comenzara de cero en mis relaciones personales. Ahora había cambiado de idea, me lo susurró mientras Nuria y Lucía comentaban algo sobre una escapada a la playa, “creo que haríais buena pareja, pero quiero ser la madrina”. Yo sí que estaba desconcertada. Si creía que mi vida era complicada, esta situación no mejoraba mucho las circunstancias.

–          Gema, vente esta noche con nosotras. Hay una fiesta de chicas en el Óscar –dijo Nuria.

–          Es verdad, lo había olvidado. Claro, vente, ya verás como ligas un montón –comentó María con el tono que poseen los omniscientes.

–          Sí, vale –contesté sin muchas ganas-. Pero mañana tengo que madrugar, no me quedaré mucho.

–          Empieza a las ocho, así es que no te preocupes, tendrás tiempo de disfrutar. Vamos a ducharnos y quedamos allí, ¿os parece?

Tendría que ver a Nuria esa noche, ver cómo besaba a otras, cómo pasaba de mí por cuerpos más fibrosos. María se divertía mucho, pero a mí todo aquello lograba sobrepasarme.

–          Esta noche es la tuya. Lo veo en los astros –dijo la mística de María.

Mi única intención en esa fiesta sería pasarlo bien, dejar un poco de lado mi vida y ser una treintañera con un futuro muy interesante por delante.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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