Capítulo 21

Cuanto más conocía a Luna, más atraída me sentía por ella. Era una mujer extraordinaria. En cierto sentido me recordaba a Yoli, podía hablar con ella de cualquier cosa, siempre tenía un punto de vista innovador y pragmático. Me jodía que me recordara a Yoli, no quería recordar a Yoli. Luna era distinta, ella no tenía una mochila cargada de amor por otra, aunque tampoco sabía demasiado de ella, era muy reservada con su vida privada, y eso que pasábamos casi todo el día juntas.

No leí nada durante el crucero, preferí pasar mi tiempo con Luna, una relación real, una amistad que se estaba forjando. Adoraba mirar cómo su piel se tornaba oscura con el paso de los días. Era preciosa. Todas las mujeres del crucero me envidiaban, lo notaba en sus ojos cuando nos veían juntas. No importaba el odio que el mundo pudiera sentir por mí, Luna conseguía que ella fuera mi único punto de atención.

–          Esta noche hay un espectáculo que no me apetece ver.

–          ¿Cuál?

–          Es de unas chicas vestidas de colegialas imitando a animadoras. No me va mucho ese rollo. No me gusta pensar en una mujer inmadura como atracción sexual. Me parece demasiado superficial.

–          Sí, la verdad es que parece un estilo japonés.

–          ¿Te gustaría ver una película conmigo? –preguntó Luna.

–          Claro. ¿Alguna en especial?

–          Nina’s heavenly delights. Está en inglés con subtítulos. ¿La has visto?

–          No me suena. Me apunto. ¿Dónde la podemos ver?

–          En mi camarote. Creo que podré enganchar el portátil a la televisión, así podremos verla desde la cama.

–          Me parece una idea estupenda.

Esa noche estaba ansiosa porque fueran las diez, por meterme en la cama de Luna, aunque fuera para ver una película cuyo título no sería capaz de pronunciar. ¿Qué ropa debía ponerme? Era la cena de blanco, así es que me tocaría colocarme unos pantalones de lino y una camiseta de tirantes. No iba a llevar una rebeca a su camarote, allí no correría la brisa del mar y no quería que Luna pensara que me quitaba la ropa por otro motivo que no fuera estar sudando como un pollo.

–          La cena está riquísima. Me podría quedar a vivir aquí. Le pediría a veinte chicas que me hicieran compañía y no volvería a tierra firme.

–          Marta, tu nivel de hormonas se está disparando.

–          Llevamos tres días en el barco y aún no he conseguido que ninguna mujer se fije en mí. Debe ser que mi sex-appeal estaba en mi trozo de teta.

–          No digas tonterías –dije enfadada-. Eres muy guapa, quizá demasiado y por eso abrumas a las mujeres. Prueba a acercarte tú a ellas.

–          Estoy con Gema. Deberías intentar llevar tú la iniciativa. Ten en cuenta que son guiris, ellas no ligan como nosotras. En Madrid todo es más directo. Además, Gema te da la noche libre.

–          ¿Qué quiere decir eso? –preguntó Marta con mucho interés.

–          Se viene a ver una película conmigo. Y se puede quedar a dormir. Mi cama es muy grande para una persona sola.

La cara de Marta era indescriptible. Creo que no le caía demasiado bien Luna. Desde el momento en el que me vio con ella por primera vez, intentó disimular el interés que le despertaba. Hablaban poco, yo lo veía cuando me levantaba a buscar comida al buffet. No tenía muy claro si Marta sentía celos de mí, de ella o solo trataba de protegerme, una mujer tan guapa suele romper corazones allá por donde va.

A las diez en punto, entrábamos en su camarote. Era un poco más pequeño que el mío, aunque su cama era de matrimonio. Todo lo tenía perfectamente ordenado, no sé si porque ella era así o por esperar visita, pero me hizo sentir cómoda no tener que apartar un montón de maletas y ropa para poder sentarme.

Su vestido blanco rebosaba transparencias, me estaba poniendo enferma solo de pensar que se recostaría a mi lado. Tenía mis necesidades cubiertas, Lola era una amante infatigable. Lola, no me había acordado de ella en todo el viaje.

–          Túmbate, estarás más cómoda. Enchufo esto y vemos la película.

Y eso hice. Me quité las sandalias y me recosté de la forma menos vulgar que pude. No deseaba que Luna pensara en mí como una fresca. Por fin puso la película.

–          ¿Te ha gustado?

–          Me ha encantado. Pero hay una cosa que no entiendo.

–          ¿El qué?

–          La canción que canta el muchacho en el videoclub está en indio, pero a mí me parece que dice “Mira Pilarica”.

Mi comentario le hizo mucha gracia, y rebobinó la película para comprobar mi teoría.

–          Pues ahora que lo dices, tienes razón. Jajajaja. Mira Pilarica, mira Pilarica –canturreó.

Ambas reíamos. Los ratos en su compañía eran insuperables. Su contagiosa risa logró que me dolieran todos los músculos abdominales. Debía tener cara de idiota, porque no podía apartar mi vista de sus ojos.

–          Se hace tarde. ¿Nos ponemos el pijama?

–          No pasé a buscarlo.

–          No te preocupes –se levantó y rebuscó en los cajones-. Toma, ponte esta camiseta. Así tendré algo que huela a ti.

–          ¿Para qué querrías tener una camiseta con mi olor?

–          Para no echarte de menos cada noche.

–          Pero si nos vemos todos los días.

–          Ansiaba dormir contigo. Lo deseo tanto como besarte –su respiración se hacía más y más profunda, yo enmudecí-. Lo siento, prometí controlarme, pero verte tumbada a mi lado solo aviva las ganas que tengo de ti.

–          No quiero parecer gilipollas, pero, ¿de verdad te me estás insinuando?

–          Sí. Lo siento. Nunca me has dado pie a ello. Me gustaste desde que te vi por primera vez. No había visto algo tan hermoso nunca. Perdóname. Prometo no hacer nada esta noche y comprenderé que mañana ni me hables.

–          No pienso hablarte, ni hoy ni mañana.

–          Lo siento –dijo muy apenada.

–          Porque quiero tener mi boca ocupada en tu cuerpo –proseguí.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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