Capítulo 16

No me había percatado de que mis pintas no eran las más apropiadas para abrir la puerta. La camiseta de medio lado, el pelo revuelto, sin pantalones y con unas bragas de Hello Kitty, vamos, hecha unos zorros.

–          Querías hablar conmigo, para eso vine. Veo que tienes otros planes. Lo dejamos para otro día.

–          Por mí no te molestes, Marta. Ya me iba –dijo Lola mientras rebuscaba por el suelo el resto de su ropa.

Salió avergonzada de mi casa, sin mirarme, sin apenas despedirse. Un suspiro y ya había desaparecido por las escaleras, ni había esperado al ascensor. Me sentí como una acosadora, como si yo hubiera forzado esa situación, cuando más bien la estaba intentando evitar.

–          Parece que tiene prisa. ¿Hoy no se te ha dado bien el tema?

–          No digas gilipolleces. Anda, pasa.

No sabría definir la reacción de Marta al verme de esa guisa y con compañía. Quizá pensaba que yo quería algo más serio con ella o que me preocupaba que le molestara mi vida sexual, la cual estaba últimamente en alza.

–          Bueno, ¿de qué querías hablar? –dijo sentándose.

–          Pues de lo que pasó anoche.

–          Pero ya está hablado. Echamos un polvo. Nos queremos mucho. Y no pienso consentir que nuestra amistad se estropee por ello.

–          Marta, ¿crees que me voy a conformar con eso de que “echamos un polvo”?

–          Si quieres podemos echar otro. Por mí no hay problema. Me gustó mucho. Creo que echaba de menos estar con alguien racional en la cama. Aunque ahora ya no tienes tantos problemas morales como antes.

–          ¿De verdad eres así? ¿Todo te parece gracioso? Me he acostado con mi mejor amiga. Disfruté haciéndolo. Ahora estoy confusa. ¿Qué es lo que no entiendes? –mi tono mostraba mi enfado.

–          Está bien. No te pongas así. Nos lo pasamos muy bien, pero no creo que ninguna de las dos quiera algo más. Si ya estabas con otra cuando he venido, muy aturdida por lo nuestro no debes estar.

–          Vete.

–          ¿Por qué? –preguntó sorprendida.

–          Porque no sabía que fueras así. Y te equivocas, esto sí va a afectarnos, porque ahora mismo pienso que no te conozco. Prefiero que te vayas.

–          Como quieras –contestó resignada.

No comprendía su comportamiento. Siempre había sido empática, siempre había tenido la necesidad de protegerme, siempre había estado a mi lado. Ahora todo eso parecía haberse desvanecido. Me dolía más que cualquier ruptura sentimental, pero nuestra amistad necesitaba tomar algo de oxígeno.

Al día siguiente quedé de nuevo con las chicas. Hoy tocaba Chueca, por lo que me tendría que enfrentar a la temida banda de lesbianas toca-culos que por allí pululaban. Marta no saldría, siempre que íbamos por los bares de ambiente ella se refugiaba en sus musas, supongo que no le gustaba y prefería compartir su calor en un ambiente más íntimo.

El verano estaba próximo, y con él, mis ansiadas vacaciones. Las chicas recortaban sus pantalones, sus mangas, los colores se volvían cada vez más vivos y yo me sentía más como una mujer de mediana edad baboseando detrás de los esculturales cuerpos que aparecían solo en los días calurosos.

Lola había decidido venir con nosotras. Aún seguía sin mantenerme la mirada. Me observaba, yo lo intuía, pero cuando alzaba la cabeza, ella apartaba sus ojos de mí. Decidí que era mejor enfrentarme a la realidad y no pasarme la noche jugando al gato y al ratón. Esperé el mejor momento, cuando más desprevenida estaba, y me acerqué con un sigilo felino.

–          ¿Estás bien?

–          ¡Sí! –contestó sobresaltada.

–          ¿Qué te pasa? Ayer te fuiste como alma que lleva el diablo, hoy ni me miras. ¿He hecho algo malo?

–          ¿Te acostaste con ella? –preguntó rabiosa.

–          ¿Con Marta? No. Discutimos y se fue. ¿Estabas enfadada por eso? –intenté mostrarle mi mejor sonrisa.

–          Me gustas. Me he pasado la noche pensando en que tú y yo podríamos haber tenido algo, que ella nos interrumpió y que terminasteis juntas nuestro trabajo.

–          Lola, no nos podemos acostar juntas. Tienes que buscarte a alguien de tu edad, que entienda lo que sientes, por lo que estás pasando. Yo soy muy mayor para ti. Mi vida se centra en mi trabajo y en el rato que paso con mis amigas. No sé qué es lo que quieres de mí, si es solo un rollo o una relación, pero hacer cualquiera de esas cosas sería un error.

–          Yo no veo error alguno. Me gustas. Es lo único que sé. No hay que darle tantas vueltas a estos temas. ¿Yo te gusto?

–          Eres una chica muy guapa y divertida, pero no tenemos nada en común. Yo no soy la mejor elección para una primera vez. Mira la cantidad de niñas que hay por aquí. Te miran, les gustas. Ve a por ellas.

–          No quiero niñas, quiero una mujer, quiero estar contigo.

Y sin darme derecho a réplica me plantó un beso en los labios que casi me tira para atrás. Hay que reconocer que Lola besaba muy bien, pero algo en mí me decía que aquello no era lo más conveniente. Quizá debí pararlo, sé que tendría que haberlo hecho, pero no supe, no pude o no quise. Me gustaba la sensación de ser la elegida por una chica tan mona, de ser la envidia de todas aquellas niñatas que mosconeaban a su alrededor. Me sentí importante, apreciada, joven, me sentaban muy bien sus besos.

Así pasamos horas, morreándonos como adolescentes, aunque yo ya no lo era. Las cervezas se iban vaciando, la gente entraba y salía, cada vez éramos menos, pero no podía despegar mis labios de los suyos. Lola era toda frescura y yo, la parte madura de la relación, me dejaba arrastrar por esa locura juvenil.

Fui a pedir a la barra, tanto beso dejaba seca a cualquiera. La camarera, se acercó a mí y me dijo: “Me han dejado esto para ti”, entregándome una nota rosa. No podía creer que también ella hiciera acto de presencia en esa noche tan rara, pero era de esperar que viniera a rematar una de las semanas más extrañas de mi vida.

Desde el otro lado del local, Lola me observaba. Parecía preocupada, por lo que cogí la nota, levanté bien los brazos y la rompí, depositándola en una de las papeleras que bordean la barra. Volví al lado de mi amante. En ese momento necesitaba sentir sus firmes brazos sosteniendo mi cuerpo.

–          ¿Qué era eso? ¿Por qué lo has roto?

–          No era nada. Bésame.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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2 Responses to Capítulo 16

  1. Ale dice:

    Llevo exactamente cuatro capítulos diciéndome “tengo que ir a dormir” y vuelvo a darle al cap siguiente.

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