Capítulo 15

Miré a Marta con odio. No entendía por qué debía contárselo a todas. Yo lo estaba pasando fatal y ella no se daba cuenta de que me estaba haciendo más daño aún.

–          Que no pasa nada, Gema. Fue un lío.

–          ¿Soy un lío?

–          Eres una amiga con la que me lie, nada más.

–          Está bien saberlo –respondí mientras recogía mis cosas y me iba.

Pensaba que por lo menos ella notaría mi enfado, mi preocupación, pero solo vio un rollo en todo aquello. No quería una relación con ella, solo aclarar el motivo que nos llevó a esa situación. Anduve durante un par de minutos. Paré en seco y pensé: “no he hecho nada malo, si ella no es consciente de sus actos, yo no puedo responsabilizarme de los demás”. Pasé por encima de mi maltrecho orgullo y regresé al bar. Todas me miraban expectantes, como si yo fuera a decir algo que les sacara de su asombro. Me senté junto a Lola y empecé una conversación sin demasiado que decir.

–          ¿Conoces a Tere?

–          Es una amiga de Ruth, ¿no? –respondí.

–          Sí. Pues es mi hermana y está convencida de que soy lesbiana.

–          ¿No lo eres?

–          No lo sé. Tengo veintiún años. He tenido mis relaciones, pero no creo tener el bagaje suficiente para tomar una decisión sobre mi sexualidad.

–          Yo no puedo adivinar si eres homosexual o no, pero tampoco creo que puedas decidir sobre ello. Es de esas pocas cosas que al meditarlas demasiado, terminamos cogiendo el camino equivocado. Hay demasiados contras socialmente establecidos para ser lesbiana, y muchos pros para definirte como heterosexual. Todos hemos tomado ese rumbo alguna vez, y yo soy una de las que se equivocó, aunque no me dio tiempo a catar a ningún chico.

–          ¿Y cómo puedo saber lo que soy?

–          Sintiéndolo. Mira a las chicas, mira a los chicos. Piensa en a quién te gustaría besar, ver desnudo, esas cosas.

–          ¿Puedo incluirte a ti en el muestreo?

–          Jajajaja. Puedes incluirnos a todas, pero yo no soy una buena elección. Hay chicas muchos más atractivas que yo y que tienen tu edad.

–          Ya –me miró durante unos segundos, en silencio.

–          No te preocupes. No tienes que pensártelo todo ahora. Es un poco tarde, me tengo que ir.

–          ¿Me vas a dejar sola aquí?

–          Es viernes, seguro que puedes hacer muchísimas cosas.

–          Tú eres la única que no me ha mirado como si fuera un trozo de carne. Deja que te acompañe a casa, por favor. Me gustaría seguir charlando.

–          Gema, hablemos –dijo Marta con un tono bastante inquisidor.

–          Ahora no. Me voy a casa. Estoy agotada. Otro día. Hasta mañana chicas.

Lola caminaba a mi lado, pegada a mí, como si le diera miedo perderse. Parecía un perrillo asustado. La conversación se centró básicamente en cómo saber si eres lesbiana. Nadie puede responder a eso con total claridad. Supongo que hay un momento en el que lo sabes y otro en el que lo aceptas, al menos eso me pasó a mí.

–          ¿Quieres subir a tomarte algo? Tengo cervezas, vino y algún refresco. No soy mucho de cubatas, así es que no te puedo ofrecer uno.

–          Una cerveza me parece estupendo –contestó sonriendo.

No tenía claro si estaba haciendo lo correcto, pero no podía negarme a su compañía después de que me acompañara y de ser consciente de lo perdida que estaba. Yo me dedicaba a enseñar números, pero también sabía algo de la vida, es muy dura si dejas que los demás la controlen, porque terminarás jodida.

–          ¿Puedo preguntarte algo?

–          Claro. Dime.

–          Por lo que he podido entender, Marta y tú erais amigas, pero os acostasteis y eso ha hecho que vuestra relación se tambalee. Pero no llego a entender por qué.

–          Es una historia un poco larga. Nos conocemos de toda la vida. Fue mi primera relación, yo la suya. Es mi mejor amiga. Me duele que actúe así. El sexo no debería ser algo de una noche y ya está, al menos en este caso. Quería que lo habláramos, pero ni eso me ha dejado. Estoy molesta. No sé si me entiendes.

–          Sí, que es tu amiga y te jode que no se haya parado a hablar contigo de lo que sucedió.

–          Exactamente.

–          Pues debe ser idiota. Si tú te acostaras conmigo, no permitiría que lo pasaras mal.

–          Eres un cielo –dije mientras le acariciaba el brazo.

Creo que mi gesto de fraternidad se transformó en algo más oscuro, porque de nuevo me vi inmersa en mi guerra contra los vaqueros. Lola no sabía por dónde se andaba, y yo no estaba segura de que aquello estuviera bien.

–          Lola, para. Yo no quiero ser tu primera vez. No me conoces y se supone que debe ser algo bonito, con una persona a la que ames.

–          No eres mi primera vez. Ya me he acostado con chicos.

–          Pero no con ninguna mujer. Eres una persona muy atractiva, pero yo soy demasiado mayor y demasiado estúpida.

–          Me sacas pocos años. Lo de estúpida no lo entiendo, eres muy inteligente, me has ayudado mucho esta noche. Sé que quiero hacerlo contigo hoy.

Debían haber echado alguna extraña droga en el agua para que todas las mujeres decidieran que yo era un plato apetecible a nivel sexual. La verdad es que Lola estaba muy bien. Mi conciencia me frenaba, mis ganas me adentraban en su boca. Era todo una lucha constante. Sonó la puerta. Nadie llama a mi puerta sin pasar por el telefonillo. ¿Pasaría algo en el edificio? Corrí a abrir, temblorosa. Me daba pánico el fuego, la falta de oxígeno. Quería ver a un bombero que me rescatara. No, no quería verlo. Quería que fuera una vecina que se quedó sin sal a las tres de la mañana. Abrí.

–          Veo que no estás tan mal. No te molesto más.

–          ¿Qué haces aquí, Marta?

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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