Capítulo 14

Me desperté con la sábana enredada entre mis piernas y mis brazos amarrados al cuerpo de Marta. Estaba desnuda sobre mi cama. Parecía tan frágil en esas circunstancias que me daba miedo moverme demasiado y que despertara. Necesitaba sentir ese amor un ratito más, unos segundos para poder sopesar las cosas, pero también saborear lo que había sucedido.

El despertador me sorprendió contemplando a mi amiga, y a ella siendo observada. Me miró, sonrió y se levantó de un salto.

–          Necesito un litro de café –dijo.

–          Ahora mismo te lo preparo.

–          Mientras voy a la ducha. ¿Te espero?

–          No, tranquila. Me ducho cuando desayune.

No podía soportar la idea de volver a perder el control entre sus manos. Siempre la había querido mucho, quizá podría llamarlo amor; pero no era de esa forma, era a mi lado, no desnuda, solo como una amiga. Me sentía confusa, sorprendida por la situación, por los hechos. Ella estaba como siempre, disfrutando de la vida, de lo que le regalaba el día.

–          ¿Estás bien?

–          Sí, solo pensaba.

–          Eso es que no lo estás. Si es por lo que ha pasado entre nosotras, no te preocupes. Yo te sigo queriendo igual. Sabes que no soy de enamoramiento fácil, de hecho dudo haberme enamorado alguna vez. No voy a montarte una escena, ni a mandarte cartitas.

–          Ya lo sé, Marta. Pero esto no debió ocurrir.

–          Pues yo creo que sí. Piensa en ello y esta tarde me lo cuentas con un buen café.

La mañana se hizo eterna. No era capaz de realizar ninguna ecuación, no podía explicar nada. Me limité a hacer lo que la mayoría de profesores consideran su trabajo, mandar deberes y que se las apañen solos, algo que siempre me pareció detestable.

Mis horas libres las pasé entre la cafetería y la sala de profesores. Quería estar tranquila, sola. Digerir la noche anterior. Entraban y salían mis compañeros, pero yo era un alma ausente entre aquel revuelo de voces, timbres y papeleos.

–          ¿Estás dormida?

–          No. Hola, Nuria. ¿Qué tal?

–          Tienes mala cara. ¿Pasa algo?

–          Nada importante. Gracias por preguntar.

–          ¿Crees que me voy a conformar con eso? Salgamos de aquí un rato. Hay un bar un par de calles arriba. Estaremos tranquilas y si quieres puedes desahogarte.

A mi alma ausente le correspondía un cuerpo inerte. Una marioneta que seguía la sombra que Nuria dejaba por la calle. No fui consciente del camino, ni de si ella dijo algo, solo caminaba.

–          ¿Quieres hablar de algo? Si es por Mariví, no te preocupes. Nos conocemos desde hace unos años y no es de tener pareja estable. No pienses en ella. Hay millones de mujeres que se morirían por estar contigo. ¿Te ha hecho daño?

–          No, no. No es por Mariví. Lo nuestro está claro desde el primer momento. He metido la pata con alguien y no sé qué debo hacer.

–          Pues arreglarlo, ¿no? Si me das más detalles quizá pueda ayudarte.

–          No te lo tomes a mal, Nuria, pero casi ni nos conocemos. Me da corte contarte mi vida.

–          Entiendo que no puedas confiar en mí, pero a veces los extraños se convierten en tus mejores amigos si las circunstancias así lo requieren. Pero si prefieres hablar con una amiga o con alguien de tu entorno lo entenderé.

–          Es por una amiga que me encuentro así –dije sin ser consciente de mi confesión-. Nos acostamos anoche. Es mi mejor amiga. No sé, estoy confusa y perdida.

–          ¿Ella que piensa?

–          Que pasó lo que tenía que pasar y ahora nos toca volver a ser lo que éramos.

–          ¿Y tú?

–          Que disfruté mucho más de lo que cabía esperar de un furtivo romance con solo una amiga.

–          ¿Temes haberte enamorado?

–          Temo haberlo estado siempre –hice una pausa, suspiré y miré el reloj-. Es tardísimo, tengo una clase en diez minutos. Muchas gracias por escucharme. Nos vemos luego.

Me marché todo lo rápido que pude. Acababa de confesar un amor prohibido, vedado para mí. Todo había sido un gran error, aunque Marta pensara lo contrario. Era la mayor cagada de nuestra relación, de todas las relaciones que había tenido. Se lo tenía que hacer saber. Siempre pudimos hablar con total sinceridad. Yo estaba en mi peor momento, y aquello había rematado la faena.

Llegó la hora de mi cita con Marta. Lugar, el bar de Ruth. Hora, las seis de la tarde. Invitadas, yo pensé que seríamos dos, pero resultó que habíamos quedado todas. Cómo abordar el problema, abortada misión.

–          Esta es Lola. Cuidádmela, que es una “newboller” –dijo Ruth mientras nos presentaba a una jovencita de unos veinte años.

–          Hola –contestamos casi al unísono.

–          Hola –respondió nuestra nueva adquisición bajando la cabeza y encogiéndose de hombros.

El ambiente era relajado, como siempre. Ruth se esmeraba en que nuestra nueva compañía participara en las conversaciones y se sintiera cómoda. Ruth siempre fue una buena anfitriona.

–          Marta, tenemos que hablar.

–          ¿Qué ha pasado? –preguntó Judith con gran interés.

–          Nada. ¿Es que no puedo hablar con ella?

–          Gema, olvídalo. Solo fue sexo, nada más. No vas a perderme, te lo prometo.

Todas se quedaron mirándonos, asombradas por aquella revelación que yo hubiera preferido que permaneciera en secreto. A Marta le daba igual todo, supuse que yo estaba incluida en ese lote.

–          ¡¡¿Os habéis acostado?!!! –gritó Miriam-. Anonadada me hallo.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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4 Responses to Capítulo 14

  1. littleparrot dice:

    He estado fuera unos días y se me ha acumulado la faena.

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