Capítulo 12

Mariví seguía esperando mi respuesta. Yo no sabía qué era lo mejor que podía hacer, pero después del día que llevaba, me decanté por la tranquilidad de mi casa. Ella no pareció molestarse, pero colgó rápidamente el teléfono, como si sus necesidades más primitivas le obligaran a realizar una llamada a otra amante.

Por fin me sentaba en mi casa. Me pareció tan confortable que creí estar sumida en un sueño. La tranquilidad inundó cada pedacito de mí, y todo resultaba más placentero aún. Me estaba quedando dormida, en mi pequeño sofá de nombre impronunciable. A veces no somos conscientes de que las cosas realmente bellas son esas que nos rodean cada día.

El teléfono de casa me despertó de mi letargo. No sabía quién podría estar llamándome, pero también desconocía la hora. Descolgué el aparato sin muchas ganas de mantener una conversación. Al otro lado de la línea, un “hola” me dio la bienvenida.

–          ¿Quién es?

–          Tu admiradora.

–          ¿Quién? –en ese momento no era capaz de pensar, y mucho menos de recordar.

–          Tu admiradora –insistió-. La de las notitas rosas.

–          Anda, no digas tonterías. Marta, ¿eres tú?

–          No.

Un silencio se apoderó de la línea. En realidad no reconocía aquella voz. Las imágenes de la última tarde y del enfrentamiento con aquella chiquilla, desbordaron mi mente.

–          No será verdad –dije algo incrédula-. No creo que mi admiradora tenga los cojones de llamarme.

–          Pues ya ves, los tengo. Necesitaba hablar contigo sin que pudieras sacar el hacha de guerra.

–          Mira, si esto es algún tipo de broma macabra, a mí déjame al margen. No quiero saber nada de ti, ni de tus notas, ni de gilipolleces. Estaba durmiendo, me has despertado. No esperes que esté de muy buen humor –aún seguía sin creerme que realmente fuera ella.

–          Siento haberte despertado. Son las ocho, no pensé que ya estuvieras durmiendo.

–          Pues ya ves que sí. Ahora déjame en paz.

Pulse aquella tecla como si la vida me fuera en ello. Aquella mujer me había sobresaltado y encima para seguir con una broma que no tenía ninguna gracia. El teléfono volvió a formar parte de los ruidos de mi cabeza.

–          ¿Quién es? –dije malhumorada.

–          Tu admiradora –volvió a responder aquella endemoniada mujer.

–          Te he colgado, ¿no significa nada para ti?

–          Que estás enfadada, y quiero que dejes de estarlo.

–          ¿Cómo coño has encontrado mi número de teléfono?

–          Es fácil, vienes en la guía.

–          ¿Qué es lo que quieres? Dímelo ya, porque estoy muy cansada de este tema.

–          Quiero que salgas conmigo. Solo una cita, no te pido más.

–          Hoy fui a verte, y decidiste mandarme a una cría. No me creo que quieras quedar conmigo, solo deseas molestarme, y ya lo has conseguido. Déjame tranquila.

–          Sí que fui. Estabas muy enfadada, no quería que me vieras con esos ojos. Mira, Gema, me gustas, creo que haríamos una buena pareja. Solo quiero una oportunidad. Sin rencores, olvidando la forma en la que entré en tu vida. Sé que no lo hice bien, pero me daba mucha vergüenza. No sabía que entendieras, no te conocía.

–          Ah, y ahora ya lo sabes todo de mí, ¿no?

–          Sé que la luz de tu ventana está encendida, que la persiana de tu habitación está bajada. Que te acostaste con Mariví. Que te gusta Nuria. Que Marta es tu mejor amiga. Que odias que yo sepa cosas de ti y tú no tengas ni mi nombre.

Corrí al balcón y me asomé. En la calle no había nadie mirando mi casa.

–          Aunque te asomes, no me verás –dijo la señora anónima.

–          Voy a llamar a la policía.

–          No lo hagas. Joder, solo quiero que charlemos. Estoy segura de que te caeré bien. Nunca me había sentido así con nadie. Tan adolescente. Haciendo tantas gilipolleces solo para invitarte a un café.

–          Pues si me conoces tan bien, sabrás que no voy a quedar contigo nunca.

–          Bueno, quizá no ahora, pero estoy segura de que lo harás. Saldrás conmigo, te enamorarás de mí y cuando te diga que era yo tu admiradora secreta, te importará tan poco, que me besarás y sonreirás.

–          ¡No te lo crees ni tú! –volví a colgar.

Desconecté el teléfono, corrí las cortinas, bajé las persianas. Lo que me faltaba, que encima supiera dónde vivo. Tenía miedo. Era mejor no pasar la noche sola. Mariví ya tendría sus planes y yo no me atrevía a salir. La mejor opción era Marta, que accedió a pasar la noche conmigo.

–          La verdad es que se está pasando un poquito.

–          Estoy acojonada.

Marta se limitó a abrazarme. Yo no sabía bien si llorar, si gritar, si perderme en los brazos de Marta y desaparecer para siempre.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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One Response to Capítulo 12

  1. littleparrot dice:

    Acojonada es poco… me habría fabricado una habitación del pánico sin soltar el teléfono.

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