Capítulo 10

Había dormido poco, estaba agobiada por la situación y lo último que deseaba era tener que corregir exámenes. Pero debía dedicar mis horas libres a ello. Recogí todos los trabajos del casillero, y sin darme tiempo a soltarlos, tuve que irme a suplir a un profesor que se había puesto enfermo, es lo que tienen las guardias.

Era un grupo de cuarto. Horribles niños gritones que desconocen el significado del término educación. Los mandé callar y hacer los deberes que tenían. Ellos obedecieron durante un rato, hasta que se cansaron. No me dejaban ni empezar a leer los enunciados. Me hubiera encantado estar en la Edad Media, ajusticiar a esos imberbes, pero no, tenía que aguantar.

Después de las amenazas con sanciones y llamadas a sus papaítos, parecían haberse relajado, por lo que pude comenzar con mi trabajo. Fui separando una a una las distintas carpetas, tenía que diferenciar los grupos y comprobar que todos habían sido entregados. Entre todo el papeleo, una hoja rosa apareció.

Debía ser la nota que Mariví había encontrado en el suelo. En el fondo tenía que agradecer a mi admiradora que me hiciera pasar una noche tan maravillosa junto a mi compañera. Hacía tanto que no mantenía relaciones sexuales que creí que mis músculos vaginales se estaban anquilosando.

Empecé por los trabajos de primero. Siempre pido que me entreguen los deberes, a mí me complica la vida, pero así sé realmente quién los hace y quién no, y me ayuda a apreciar los posibles errores de cada uno de mis alumnos. Dentro de la carpeta de Joaquín Sastre, otra hoja rosa apareció.

¿Cómo podía saber que Mariví había encontrado la nota en el suelo? Solo ella y yo estábamos en esa habitación. Bueno, también se lo había contado a Nuria, pero no creo que…, mierda, ¡Nuria es la admiradora! ¡Joder!, ¡qué idiota soy! Por eso sabía mi nombre la noche que nos conocimos, yo no la vi cerca, no pudo escuchar mi nombre. Mi cerebro calculaba las probabilidades de que todo aquello fuera posible. Continué leyendo.

Esa vez sí que acudiría a la cita. Le cantaría las cuarenta a Nuria. Le avergonzaría hasta que no quisiera volver a mirarme. Deseaba que llegara la hora. Deseaba tener la oportunidad de ser yo quien sujetara la sartén por el mando.

Llamé a Marta, necesitaba desahogarme para poder enfrentarme a todo lo que se me iba a venir encima.

–          A mí me pareció muy mona.

–          Pero me ha dicho a la cara que le parecía mal intentar acercarse a alguien de esta forma.

–          Bueno, eso no significa nada. Todos hacemos cosas de las que no nos creíamos capaces, luego podemos arrepentirnos, o no. No sé, tampoco pierdes nada por darle una oportunidad.

–          No quiero a alguien que me engaña, no quiero intentar nada con una tía que no es capaz de acercarse a mí de otra forma.

–          ¿Y si no es ella?

–          Tiene que serlo, no se me ocurre nadie más.

–          Quizá no os conocéis.

–          Ven conmigo, por favor. Tú ya sabes quién es. Podrás sujetarme en el caso de que no pueda controlar mis ganas de estrangularla.

–          No. A esto te debes enfrentar tú sola. Ya fui cuando creí que era conveniente. No parece peligrosa. Bueno, quizá en la cama lo sea…

No dejé de mirar el reloj en todo el día. Apenas comí. Solo deambulaba de un lado para otro, inquieta. Me tomé al menos cuatros tilas, pero los nervios y la rabia no me abandonaron.

Por fin eras las seis menos cuarto. Cogí el metro, me bajé en Gran Vía y fui al lugar acordado. Llegaba cinco minutos antes de la hora, pero así podría ver la cara que se le quedaba a Nuria al verme allí sentada.

Eran las seis y diez. Yo estaba sentada al final de la barra, en una especie de sofá enorme que cubría todo el lateral. Miraba hacia la puerta, pero nadie aparecía. La gente reía, se divertía, yo solo contemplaba el panorama y esperaba la llegada de Nuria. La puerta de abrió una docena de veces, pero ninguna de ellas era la persona a la que yo esperaba. No bebía de la taza, casi ni respiraba, todos mis sentidos estaban en la entrada. Una sombra me nubló la vista, intenté apartarla de mi campo de visión, pero se había situado justo en el centro. Enfoque mis ojos hacia ella. Era una chica que no conocía.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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