Capítulo 7

El despertador me avisó del inicio de la semana. Había descansado bastante, pero podría quedarme en la cama unas horas más. De pronto, un recuerdo vino a mi memoria, vería a Nuria. Eso hizo que diera un salto y me dispusiera a empezar el día con mucha energía.

Di las primeras horas de clase, luego tenía tres libres y después dos horitas más aguantando a adolescentes hiperhormonados a los que las integrales les suenan a algún tipo de galleta.

Fui corriendo a la sala de profesores, esperando encontrar a Nuria, pero eso no fue lo que vi. Mariví, mi compañera de departamento, estaba dejando un papel rosa en mi casillero. Me acerqué a ella, arrebatándole de las manos aquella nota que me había vuelto loca durante la semana anterior.

–          ¿Qué coño es esto? ¿No eres mayorcita para estos juegos?

–          Gema, deja que te lo explique.

–          ¡No! No hay nada que explicar. Me has asustado. No sé si debería dar parte a la dirección. ¡Joder! ¿Sabes lo que he pasado por culpa de tus malditas notas?

–          Gema, escúchame.

–          No hay nada que escuchar. Si querías que quedáramos fuera de clase, me lo hubieras dicho. Siempre he sido cercana contigo, siempre te he ayudado en todo, ¿por qué no viniste directamente a mí? No quiero verte. Me voy.

–          ¡Gema!

Dejé a Mariví con la palabra en la boca. Estaba enfadada, indignada, decepcionada por aquella estúpida que había conseguido volverme paranoica. Fui a la cafetería y pedí una tila en vez de mi habitual refresco, lo que me sobraba en ese momento era cualquier tipo de estímulo.

Una mano se posó sobre mi hombro. Al girarme, una bonita sonrisa me saludó. Era Nuria. No sé si tenía algún tipo de poder, pero siempre aparecía en el momento más indicado.

–          ¿Estás bien?

–          No. Ya he descubierto quién me mandaba las notitas. Estoy muy cabreada.

–          ¿Cómo te has enterado?

–          La he pillado con las manos en la masa. Según entraba en la sala de profesores, allí estaba Mariví, poniendo la nota en mi casillero. No soy una persona agresiva, pero me han dado ganas de agarrarle del pescuezo.

–          ¿Has hablado con ella?

–          No. No tengo nada que decir. No sabes lo mal que lo pasé por su culpa, encima no voy a permitir que me haga sentir pena.

–          Gema, ¿podemos hablar? –preguntó Mariví desde la puerta de la cafetería.

Yo no quería montar un espectáculo delante de los profesores y de algunos alumnos que por allí pululaban, por lo que me dirigí a ella, pero sin quitar la cara de decepción que aún tenía. Estaba tan centrada en aquello que ni me tomé la infusión ni me despedí de Nuria.

–          Mira, no quiero oír nada. Joder, tía, ya tienes una edad.

–          Gema, ¡joder!, escúchame. No sé nada de esa nota. La encontré en el suelo, la leí y entendí que era para ti. Pero yo no la he escrito.

–          ¿Me lo estás diciendo en serio?

–          Por supuesto. No soy muy lanzada, pero no dejaría notitas y menos aquí, que todo se sabe. No quiero que nadie se entere.

–          ¿De qué?

–          De que me gustas.

–          A ver. Tú no escribes las notas, pero admites que quieres salir conmigo. ¿Estáis todas las mujeres locas?

–          Llevo tiempo intentando decírtelo. Te lo he insinuado de mil formas. No tenía claro si tú entendías y no quería que supieras lo mío sin saber que no lo irías comentando por ahí.

–          ¿Creías que iba a ir gritando por el patio que la profesora de matemáticas es bollera? ¿Tú estás bien de la cabeza? ¿A quién coño le importa eso?

–          Ya sé que a nadie, pero mira cómo es la gente. Ya se rumorea por ahí que lo soy, lo último que quería era que tú te enteraras y me dieras la espalda.

–          Yo no haría eso. Pero, ¿de verdad no eres tú la de las notitas?

–          De verdad que no. Pero ya que me he confesado, ¿querrías tomar un café conmigo?

–          Eh –enmudecí, estaba nerviosa y aquella mujer me pedía una cita -. ¿Un café? Ahora mismo creo que no estoy en condiciones de tomar una decisión. Deja que me lo piense. ¿Solo como amigas?

–          Sí, por supuesto. Que sea lesbiana no implica que ataque a las mujeres. Me gustas, ya te lo he reconocido. Pero aceptaría ser solo tu amiga. Eres buena persona, aunque, enfadada das un poquito de miedo.

–          Jajaja. Venga, vale. ¿Te parece esta tarde a las seis?

–          He cambiado de opinión. Te invito a comer. Conozco un restaurante por aquí cerca, la comida es buena y podremos charlar tranquilamente.

–          De acuerdo –acepté sonriendo.

Me alegraba muchísimo de que Mariví no fuera mi admiradora secreta. Me caía muy bien. Además, me había hecho darme cuenta de que el mundo está lleno de lesbianas, y yo que calculaba mis probabilidades de encontrar pareja a partir de estadísticas desfasadas… ¡Me encanta estar rodeada de lesbianas solteras!

Mariví no estaba nada mal. Era bajita, pelo moreno y rizado, su cuerpo tenía unas curvas que ya había imaginado recorrer, sus ojos eran negros. Era muy guapa, era inteligente y además compartíamos algo más, las matemáticas. Si yo sentía fascinación por los números, lo suyo era adoración. Pensé que podríamos formar una bonita pareja. Qué manía tiene mi cabeza de adelantarse a los acontecimientos.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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2 Responses to Capítulo 7

  1. littleparrot dice:

    Joder, qué éxito tiene la chica. Hay rachas así… y son taaaan buenas

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