Capítulo 6

La subida en el ascensor resultó demasiado larga. No sabía qué decir ni cómo moverme. Nuria parecía tener toda la seguridad del mundo, quizá porque se encontraba en su terreno o porque sabía más de mí que de la mayoría de los rollos de una noche.

Su casa era pequeña, un estudio. Las becas no deben dar para demasiados lujos, pensé. Los muebles brillaban por su ausencia, tan solo una estantería llena de tratados y libros sobre sociología adornaba la estancia.

Me invitó a sentarme en el sofá-cama que tenía frente a una televisión de tubo. Sacó unas cervezas de la nevera y me tendió una.

–          ¿Te gusta tu instituto? –preguntó continuando con la charla.

–          Sí, estoy muy bien ahí. Además, el haber sacado plaza en el segundo intento, hizo que me diera bastante igual dónde pudiera terminar. Era libre.

–          Jajaja. Debe ser una sensación alucinante. De todas formas, no veo que tengas demasiadas ganas de hablar de trabajo.

–          Es viernes. Además, he tenido una semana un poco rarita.

–          ¿Puedo preguntar el motivo?

–          He estado recibiendo unas notas anónimas de alguien de allí. Me ponen nerviosa.

–          ¿Un admirador secreto?

–          Admiradora, al parecer. No sé, no me gusta esta idea quinceañera de atraer mujeres así. No es que yo sea una lanzada, ni que crea que con palabras conquistaría a cualquiera, pero esas no son formas.

–          Estoy de acuerdo. ¿Si supieras quién es te sería más fácil? Quiero decir, sabiendo si te atrae, si no es una loca, esas cosas.

–          No, no sería más fácil, porque ya me ha trastocado mis rutinas. Ahora me siento paranoica, no sé si me está siguiendo, si me observa agazapada en algún arbusto. Tengo miedo. Y si viniera a decirme quién es, se lo haría saber.

–          Al menos no me has dicho que seas homófoba –comentó mientras respiraba aliviada.

–          ¿Por qué iba a decirte eso? Es absurdo. Me has conocido en Chueca.

–          Hay mucha gente absurda por el mundo, y Chueca es un barrio más de Madrid, no todos los que van tienen que aceptar al colectivo gay.

–          Ya, pero creo que ser homófoba y lesbiana no es algo que se pueda compatibilizar muy bien.

–          No sabía que fueras lesbiana. De todas formas, según la perspectiva freudiana, odiamos lo que somos. Los grandes homófobos de la historia son gays reprimidos. ¿Estás de acuerdo?

–          Sí, la verdad es que tiene su lógica. Pero seguiría sin ir a Chueca.

Las cervezas se iban vaciando. La conversación era densa, aunque interesante. Aquella chica no quería tener ningún tipo de roce conmigo, por lo que decidí que era mejor volver a casa y no lanzarme a sus brazos para sufrir la mayor vergüenza de mi vida. Quizá ella no entendía, no me dijo nada al respecto, tan solo deduje que no sentía ningún odio hacia mí.

–          Bueno, creo que es hora de irme. Me ha encantado pasar este rato contigo. Y de nuevo, muchas gracias por salvarme de las garras de esa chica.

–          No esperaba que te fueras tan pronto. Supongo que estás cansada. Si alguna vez necesitas ayuda con otra acosadora, solo tienes que decírmelo.

Reí y agradecí nuevamente su heroico acto. Salí de su casa algo decepcionada. Me gustaba mucho esa chica, pero sabía que tenía un mes para verla por el instituto, al menos me alegraría la vista.

Volví a casa en un taxi y me pasé la noche imaginándome a Nuria desnuda. Sobra decir qué es lo que su cuerpo me empujaba a hacer.

El teléfono me despertó a la mañana siguiente. Marta. Había decidido que era hora de levantarme.

–          Pensaba que no estarías en casa. Ya se rumorea que eres toda una conquistadora.

–          Anda, no digas tonterías. Lo que tengo es un resacón de cojones.

–          ¿Tan duro le daba esa misteriosa desconocida?

–          Si te refieres a la cerveza, sí.

–          Anda, cuéntame qué tal fue la noche. Ya no sé cómo preguntarlo con mayor sutileza.

–          No pasó nada. Fui a su casa, seguimos charlando y bebiendo y luego me vine.

–          Vaya, yo que me había levantado sedienta de morbosos detalles.

En realidad a Marta no le gustaba que le comentaran temas íntimos, solo lo hacía para provocarme. De vez en cuando sí hablábamos de sexo, somos amigas. Ella no daba demasiados detalles, pero yo sabía perfectamente que era una inconformista en la cama.

–          Pues se quedó solo en eso. No creo que le guste yo, quizá no le gusten las mujeres en general. El único contacto físico que hubo fue cuando me abrazó.

–          Ya me he enterado del acoso y derribo al que te sometieron anoche. ¡Qué fuerte! Siempre me pierdo las cosas más interesantes. ¿No te lanzaste a ella o te insinuaste?

–          No, ella estaba más interesada en saber cómo imparto clases que en mis dotes como amante. Me divertí, es una chica agradable. Quizá nos hagamos amigas, pero no creo que la cosa vaya a más.

–          Pues es una pena, parece una chica muy maja.

–          Lo es.

Y así pasé el fin de semana, suspirando por los rincones. Arrepintiéndome y no haciéndolo, al mismo tiempo, de no haber intentado besarla. A veces soy así, gilipollas, pero tampoco era plan que salvara a una acosadora de otra.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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