Capítulo 5

La noche era casi veraniega, aunque aún estábamos en abril, lo cual se agradecía. Esther me demostró que su lenguaje no era demasiado rico, pero su lengua quería culturizarse en mi boca. Yo no estaba por la labor, y creo que insistió más solo por mi estado de embriaguez.

Llegó a resultar pesada. Me estaba acosando y yo no encontraba los medios para quitármela de encima. Deseaba que mis amigas salieran a fumar y al ver la actitud de mi acompañante, intervinieran. Pero eso no fue lo que sucedió. Alguien gritó mi nombre entre el gentío, y me abrazó. Yo estaba desconcertada, no sabía si mi visión estaba demasiado borrosa como para reconocer una cara o es que no conocía de nada a mi salvadora particular.

Esther regresó dentro al ver que mi nueva acompañante no cesaba en su empeño de achucharme. Una vez se hubo ido, la chica se separó de mí. Era cierto, no reconocía su cara, aunque no me importaba que me hubiera espachurrado una mujer con unos ojos tan vivos.

–          Perdona que te haya hecho esto, pero pensé que esa chica se estaba intentando pasar contigo.

–          Gracias. No sabía cómo quitármela de encima. ¿Cómo sabías mi nombre?

–          No sé, supongo que lo dijo en algún momento y me quedé con él. Lo siento, soy una maleducada, me llamo Nuria. Un placer haberte tenido entre mis brazos.

–          Encantada Nuria. Pero, sin duda, el placer ha sido todo mío. ¿Puedo recompensarte con una cerveza?

–          No estaría mal, pero ese bar está demasiado petado. ¿Te apetece que nos sentemos en una terraza en la plaza? Aún hay algunas puestas, y no pasaremos tanto calor.

–          Mis amigas están dentro.

–          ¿Es una excusa o vas a ir a despedirte? –preguntó Nuria con un tono escrutador.

–          No, voy dentro y les digo que les llamo luego.

Y eso hice. Entré, me despedí de las chicas, salí y fui junto a mi heroína a buscar unas sillas donde reposar mis maltrechos pies.

Esa noche tenía algo especial, yo era diferente o el mundo había cambiado para transformarse en un lugar maravilloso. Nada me molestaba, sin contar con Esther, claro. Me sentía plena y la compañía era enriquecedora.

–          ¿Y a qué te dedicas?

–          Soy profesora de matemáticas en un instituto.

–          Ese es un buen trabajo.

–          ¿Y tú?

–          Yo estoy doctorándome en análisis social de los modelos educativos.

–          Vaya, eso sí que parece interesante. ¿En qué consiste?

–          Voy por centros educativos, hablo con el profesorado, los alumnos, reviso las adaptaciones curriculares, los medios. Todo bastante aburrido para el público en general, pero a mí me apasiona.

–          No creo que sea nada aburrido y tener a alguien joven analizando en qué estado se encuentra la educación me parece muy importante.

–          Vaya, he ido a dar con una profesora que además entiende mi trabajo. Creo que hoy es uno de esos días en los que me alegro de haberme levantado.

Yo reí, no solo por su comentario, sino por lo bien que me sentaba estar junto a ella. Parecía muy interesada en mi forma de enseñar. Pensé que le importaba más su tesis que yo, pero no me molestaba, su compañía era de agradecer.

Los clientes se iban marchando, los camareros recogían las pocas mesas que quedaban, y allí seguíamos nosotras, enfrascadas en una conversación absurda para el mundo e interesante para nosotras.

Después de no darnos por aludidas en el ansioso intento por echarnos, los empleados nos dijeron sin ningún tipo de sutileza que nos marcháramos. Y ahí llegó la disyuntiva, ¿cómo podía mantener a Nuria a mi lado sin parecer una pesada?

No hizo falta que insistiera de ninguna forma para que ella permaneciera a mi lado, simplemente se quedó. Continuamos conversando y andando sin un rumbo fijo, solo era un paseo.

–          ¿Has estado ya en el León Felipe?

–          Sí, estuve la semana pasada. Tengo que pasar por allí al menos un mes. Es un centro muy grande y me aportará muchos datos para mi estudio. ¿Conoces a algún profesor allí?

–          A mí, por ejemplo.

–          Vaya, pues sí que es casualidad. Seguramente empiece unas prácticas por allí, a ver si me conceden la beca de docencia.

–          Me encantará verte por los pasillos.

–          Y en la sala de profesores. Allí paso mucho tiempo. No suele haber nadie, creo que preferís la cafetería, por lo que se puede trabajar sin demasiado ruido. No te he visto por allí.

–          La verdad es que procuro estar poco tiempo. Ya sabes, hay roces con profesores y demás, por lo que, o estoy tomándome algo o me quedo en el departamento corrigiendo y preparando las clases.

–          ¿Te importa si concertamos una cita la semana que viene para que me cuentes tu plan personal de estudios?

–          Claro. Cuando quieras. Pásate el lunes y miramos los horarios.

–          ¿Y ahora puedo invitarte a mi casa?

Me quedé desconcertada. No esperaba esa proposición. Ese día debí haberme puesto muy bien el antiojeras, porque ligar con dos chicas en una noche era todo un record en mi vida amorosa.

–          Lo siento, quizá me he precipitado un poco.

–          No, perdóname tú. Es que no lo esperaba. ¿Por dónde vives?

–          Aquí –dijo señalándome el portal en el que nos habíamos parado.

–          Estando tan cerca no puedo rechazar la invitación.

Me puse muy nerviosa. No solía acceder a mantener relaciones sexuales sin conocer más a la persona, pero Nuria me atraía de una forma realmente mágica. No sé qué podría ser, ni era capaz de controlarlo, quizá ni quería hacerlo, pero estaba eclipsada por los ojos más bellos que había podido contemplar en toda mi existencia.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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2 Responses to Capítulo 5

  1. littleparrot dice:

    ¿Ves? Esto ya me da menos miedo…

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