Capítulo 2

Nunca he sido mujer de una noche. Sí que lo he pretendido, sí que he querido olvidar a la mañana siguiente, pero me resulta imposible. Si beso a alguien es porque me atrae de mil formas distintas, y no puedo escudriñar todas en unas horas, necesito más. Así me va. Una relación de dos años que terminó en cuernos y otra de tres que acabó, pero conmigo.

La primera se entregaba a mí cada día, sin yo saber que no era a la única que le daba amor y placer al mismo tiempo. Compartí pareja con al menos cuatro chicas más, pero yo no lo sabía. Cuando me enteré, ella, no le dio la menor importancia. Afirmaba ser una amante universal, que no podía contener sus manos en una sola piel. Esa relación me hizo daño, mucho, pero logré superarlo. Marta me abrió lo ojos y me hizo ver que no era mi culpa, que esa chica rozaba el egoísmo enfermizo. En parte era así, egoísta, pero también se sentía sola. Quizá nunca se había enamorado y no sabía lo que era vivir solo por una persona.

La segunda aparentaba ser dulce, inteligente, tierna, frágil. Nada más alejado de la realidad. No sé por qué duramos tanto. Yo la quería mucho, pensé que ella a mí, pero no, solo fui uno de sus proyectos. Ella siempre llamaba a todo proyecto: “vamos a mirar a esos, es un buen proyecto de sociología”, “esos dos son un proyecto de estudio”. Todo proyectos, y yo uno más. Fui su primera novia. Antes estuvo con chicos, pero, por mucho que insistiera, de bisexual no tenía ni la boca. Por lo que me encontré con una virgen de veinticinco años, más perdida que un alemán sin cerveza. Hacíamos el amor, mucho, pero también aquello era una batalla. No se permitía llegar al orgasmo, no me dejaba aventurarme a hacer cosas nuevas. Creo que era una “lesbicatólica”. Tampoco era tan frágil ni inteligente, pero sí manipuladora, por lo que yo ejercí el papel de tonta en la relación. Todo se acabó porque ya había terminado su proyecto conmigo, y comenzó otro en los brazos de una muchacha distinta. Con esto sufrí más, pero, con el paso del tiempo, soy consciente de que no era amor, sino una dependencia horrible a besar su abdomen. Puede parecer estúpido, pero era lo único de ella que me proporcionaba tranquilidad y seguridad.

Poco más tarde, conocí a una chica en una discoteca. Ese día creí que el amor a primera vista existía, pero estaba equivocada. Era una buena muchacha, guapa, divertida, cariñosa. Pero había un problema, ella era el mismo clavo que fui yo con Yoli. Nunca se lo dije, pero me ayudó muchísimo a desenredarme de los tentáculos de la “segunda”. La cosa acabó cuando yo no quise seguir haciéndole daño. Intenté estar a su lado. Al principio reusaba mi compañía, luego me la exigía, para terminar intentando besarme en cualquier rincón. Yo me negaba, ella lloraba y yo le consolaba. Hasta que decidí que así le estaba haciendo más daño aún, y me alejé para siempre.

Vinieron más, ni mejores ni peores, solo distintas. No amé a ninguna, ni ellas me amaron a mí, pero las relaciones sin sentimientos parecen ser las más sólidas. Sé que me he pasado años buscando una pareja como la que Marta supuso para mí, pero creo que esa situación solo se repetiría con ella, y ninguna de las dos estamos dispuestas a enredarnos en algo que pudiera estropear la inmensa amistad que nos proferimos.

Mis salidas nocturnas son más para disfrutar de mis amigas que para encontrar al amor de mi vida. Chueca termina siendo un gueto, inhumanizado, donde las mujeres solo buscan algo de compañía o una aventura de la que presumir. No me gusta el ambiente los fines de semana, parece una cacería. Yo prefiero los días de diario. La gente está relajada o intentando relajarse de la vida de ciudad. Los locales son tranquilos, las charlas amenas y la sensación de paz me ayuda a conciliar el sueño.

Los viernes y los sábados, vamos a un pequeño local de Malasaña. Es de Ruth, una de nuestra pandilla. Ha conseguido llevarse lo mejor del ambiente gay a un rinconcito inexplorado. La música es buena, hay mesas donde poder disfrutar de unas cervezas, la gente va a su rollo y nosotras reímos como posesas por alguna de las hilarantes ocurrencias de Sandra, la graciosilla del grupo.

Tengo una amiga, Linda, que hace honor a su nombre. Siempre que salimos con ella, al menos una mujer se acerca para hacerle caer en la tentación carnal. No le hace falta que su pretendiente posea demasiada labia, a ella le gusta disfrutar de las artes amatorias con desconocidas. No sé con cuántas se habrá acostado, pero calculo que, ± ∞, sería el símbolo que utilizaría.

Yo no soy una ligona. Es raro que se me acerque alguna, pero, la que lo hace, es porque ve en mí el reflejo de alguna antigua maestra de la que se enamoró en secreto en sus años de juventud. Esa es la pinta que tengo, de profesora de matemáticas. Por lo que mi vestimenta y mi modo de actuar, reflejan claramente mi profesión.

Y así transcurren mis días, del instituto a casa, luego un rato con las chicas y a la camita pronto, que hay que madrugar. Pero, un día, todo cambió. Volvía de mi clase con los de primero de bachillerato, me tomé un refresco en la cafetería, charlé un rato con algunos compañeros y con la camarera y luego fui a la sala de profesores. Tenía dos horas libres antes de mi siguiente clase, así de bien estaba organizado mi horario ese año.

Coloqué mis libros y el bolso sobre la mesa. Fui al casillero y recogí los trabajos de los de segundo. Siempre acaban dejándomelos ahí porque no les da tiempo a terminarlos, todo para última hora, ese es el lema de la adolescencia. También había panfletos de los sindicatos en los que se anunciaban nuevos recortes presupuestarios, el despido de interinos y demás temas políticos que afectaban a gran parte de mis compañeros.

Entre la montonera de papeles que tenía que revisar, una pequeña hoja de color rosa destacó del resto. Al principio creí que alguna de las chicas había pensado que los problemas matemáticos se resuelven mejor sobre un fondo fluorescente. ¡Lo que hacen los alumnos para que les subas la nota! Cogí el papel, pero no tenía el tamaño de un folio, era media cuartilla en la que ponía con grandes letras:

Le di la vuelta, para ver si alguna anotación podía llevarme al autor de aquella nota.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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4 Responses to Capítulo 2

  1. littleparrot dice:

    A ver que tal va la nueva historia. Suerte 😉

  2. Ale dice:

    Soy nueva por aquí u he decidido empezar con esta historia porque, si no me equivoco, está terminada y lo mío no es la paciencia 😉
    Simplemente decir que con dos capítulos y un papelito rosa en la taquilla me has enganchado.
    Saludos y gracias

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