Día 50

Me dejé caer y acompañé el llanto de Laura. Terminamos las dos, desnudas en el suelo, llorando como si algo en nosotras se hubiera roto. Ninguna estaba dispuesta a dar el siguiente paso, y nos limitamos a liberar lágrimas que llevaban demasiado tiempo guardadas.

El teléfono nos despertó del letargo. No quería hablar con nadie, pero Laura me lo acercó. Era mi madre, lo que faltaba. Pensé en dejar pasar esa llamada, pero no podía ignorar a la persona que más me quería en el mundo.

–          Hola hija.

–          Hola mamá.

–          ¿Estás bien? ¿Te has resfriado? Si es que no puedes ir siempre tan descocada. Mira que te lo hemos dicho.

–          Estoy bien, mamá –interrumpí-. ¿Pasa algo?

–          Pues pasa que ya va siendo hora de que vengas a comer a casa.

–          Mamá, estoy muy ocupada.

–          Pues entonces vamos nosotros. Te echamos de menos, cariño. Tu padre dice que si es que ya no le quieres.

–          Claro que os quiero mamá. Pero ahora tengo mucho que hacer. Lo dejamos para el mes que viene, ¿te parece?

–          Bueno, como quieras, cielo. ¿Estás comiendo bien? La última vez que te vi estabas muy delgada. Cuando vengas te haré un buen guiso, a ver si engordas algo, que se te ven los huesos. Llámanos, que parece que no quieres saber nada de nosotros. Tu padre está muy pesado, echa de menos a su niñita.

–          Voy el mes que viene, de verdad. Y os llamaré. Dale un beso muy fuerte a papá y otro para ti. Te tengo que dejar, estoy liada con unas cosas. Te quiero, mamá.

–          Te quiero, hija –dijo sorprendida por la brevedad de la conversación.

Colgué el teléfono y me encontré a Laura mirándome con ternura.

–          Tienes mucha suerte de tener una familia que te quiere así. Nunca me has hablado de ellos.

–          No hay mucho que contar.

–          Creo que es mejor que me vaya.

Yo afirmé con la cabeza. Laura comenzó a vestirse, yo preferí quedarme desnuda, ya no podía sentirme más vulnerable. Se dirigió a la salida, giró el pomo y yo, empujada por una extraña fuerza, salí disparada tras sus pasos, cerrando de golpe la puerta. Mi cuerpo estaba pegado al suyo, oía su respiración, notaba cómo su pulso se aceleraba.

–          Soy idiota, Laura. Tengo miedo, mucho miedo. Temo que me dejes, que me hagas daño, que vuelvas a irte, que vengas. Siento pánico hacia todo lo que proviene de ti.

–          Las dos somos idiotas –dijo volteándose-. Pero podemos solucionarlo.

–          ¿Cómo?

–          Dejando los miedos atrás –comenzó a desvestirse nuevamente -. Así estaremos en igualdad de condiciones.

–          ¿Nuestra primera cita en bolas? Somos un poquito raritas.

–          ¡Qué más da! Solo quiero besarte, solo pienso en besarte.

–          Por favor, hazlo ya, porque no aguanto ni un segundo más.

Se acercó muy despacio. Sostuvo mi cabeza dulcemente entre sus manos, y me besó. Quizá pareciera un beso más de nuestra relación, pero aquel fue diferente, yo lo sentí distinto. Fue una liberación, pero a la vez notaba cómo el miedo me recorría. No tenía muchas esperanzas en un nosotras, pero sus labios reavivaron las llamas.

Mientras nos besábamos no pude pensar en nada, pero con el tiempo comprendí lo idiotas que fuimos, dejamos que el temor nos impidiera tener una relación preciosa. En aquel momento solo era capaz de gozar con sus labios, con sus caricias, con mis manos sobre su piel.

Me cogió del brazo y caminamos hacia mi habitación. El mundo parecía ralentizado, y yo estaba acelerada. Quería tender a Laura sobre mi cama, hacerle todo lo que pudiera provocarle placer, pero ella andaba despacio, midiendo cada movimiento.

–          No te aceleres, mi vida. Saboreemos este momento, porque será único.

¿Cómo no iba a acelerarme cuando mi sueño desde hacía casi dos años era tener a esa mujer en mi vida? Recordé entonces aquel enamoramiento que sentí la primera vez que vi su rostro. Quizá mi imaginación no fuera muy acertada, nunca tuvimos esa cita perfecta con la que yo había estado soñando. Pero la realidad era aún mejor, ella me amaba y yo le amaba a ella.

Me sentó en la cama y se puso de rodillas frente a mí. Noté cómo mi cuerpo desprendía llamas por arder con ella.

–          Me gusta mirarte. Siempre me ha gustado. Eres preciosa. Pero antes de hacer nada, tengo que hacerte una pregunta.

–          ¿Cuál? –pregunté con impaciencia.

–          ¿Quieres ser solo mía y yo solo tuya?

–          ¿Me hablas de fidelidad? –no entendía a qué venía aquello.

–          Sí, te hablo de exclusividad, te hablo de que te quiero, de que me ha dolido demasiado verte con otras. Solo te quiero para mí, y yo te ofrezco lo mismo, solo seré tuya.

–          Sí quiero, claro que quiero. Pero como no te pongas pronto sobre mí, voy a explotar.

Laura, como era habitual, no me hizo caso. Me tumbó en la cama y con el dedo índice, comenzó a dibujar figuras indescifrables sobre mi cuerpo. Cuando parecía que se acercaba hacia donde yo quería que llegara, ella se iba, cuando más relajaba estaba, Laura volvía a tensionar mis músculos. Hasta que no pude más, le agarré de las caderas y la atraje hacia mí.

Su cuerpo compartía espacio con el mío, notaba su peso, su calor, sus nervios. Miraba a Laura embobada, y ella me devolvía una sonrisa. Me sentí perdida, había estado con muchas mujeres, pero no sabía ni cómo tocar a la que de verdad amaba. Ella parecía leer cada uno de mis pensamientos, y tomó la iniciativa. Comenzó besando mis labios, bajó por mi cuello, su lengua se detuvo en mi pecho, pero continuó su camino, mi abdomen se contrajo al contacto con su boca, pero ella iba más allá. Me encontré con millones de besos entre mis piernas. Éstas no podían estar quietas, la excitación que Laura provocaba en mí hacía que mi cuerpo entero se revolviera.

–          No, Laura, así no –dije entre jadeos-. Hoy necesito abrazarte.

Por primera vez, se dejó llevar por mis palabras e hizo el recorrido a la inversa. Yo alargué mis brazos para abarcarle completamente, ella lo hacía con sus piernas. Sus manos, como exploradoras de lo desconocido, descubrieron en mi cuerpo numerosos puntos de placer. Parecía deleitarse con mis gritos y mis movimientos incontrolados.

Quería que ella sintiera el mismo placer que yo, y me aventuré en una empresa cuyo único objetivo era hacer temblar a aquella mujer. Su cara, sus ojos, su boca, todo se movía al ritmo de mis manos, de nuestros cuerpos.

Nuestra piel, bañada en sudor, terminaba desbordada de pasión, quizá lujuria. No sabría muy bien cómo definirlo, pero mi mente y mi cuerpo habían encontrado el mismo refugio, Laura. No solo era algo carnal, aquello iba más allá, era espiritual, era grandioso.

No sé cuándo llegó el orgasmo, ni si fue solo  uno o millones, pues Laura había conseguido que con cada expiración, una explosión me recorriera entera. Sus dedos sabían bien qué tocar y cuándo hacerlo. Yo me sentí más torpe, siempre lo he sido, pero a ella pareció gustarle mi actuación.

Caímos rendidas, exhaustas por habernos liberado. Estábamos juntas, lo sabíamos y, aunque fuera una ardua tarea, lucharíamos por lo que sentíamos hasta el último día.

–          ¿Repetimos? –preguntó sonriendo.

–          Cuando quieras.

–          Lo único que quiero es pasar mi vida contigo. Te amo, Yoli. Y tengo que gritarlo. ¡Te amo!

–          Estás loca. Pero yo también te amo.

–          ¿No te resulta curioso?

–          ¿El qué? –pregunté con incertidumbre.

–          Encontrar el amor así. Sentado en una mesa, a tu lado. Ya no solo tenerlo cerca, sino ser capaz de verlo, y nosotras lo hicimos, aunque nos haya costado años aceptarlo.

Laura tenía razón. El amor puede encontrarse en cualquier parte, pero a veces es él quién te encuentra, y por mucho que luches, no podrás evitar lo inevitable, porque, de hacerlo, el sufrimiento será mayor que el riesgo que pudieras correr. A veces es mejor dejarse llevar, ver dónde confluyen las historias reales, sentirse arrastrado por una corriente, este será el único modo de lograr lo que realmente se quiere, en mi caso, Laura.

FIN

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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17 Responses to Día 50

  1. littleparrot dice:

    Simplemente, precioso y perfecto final.

  2. littleparrot dice:

    No, gracias a ti por escribir lo que escribes, a ese ritmo y con tanta sinceridad.

    ¿Estás pensando otra historia en 50 pedazos?

  3. yovanu dice:

    Me encantó esta historia. Me tuvo atrapada y no podía parar de leerla. ¡Cuanto drama boller! Que mal de la cabeza está el personal XD. Por supuesto sigo con la otra historia 🙂
    Gracias por compartir esto, y seguí subiendo más que al menos aquí ya tenes una seguidora.
    Saludines!

    • remendona dice:

      Muchísimas gracias.
      Espero que la siguiente también te guste, porque al menos eso intento.
      Lo de los bollodramas, terminan siendo necesarios para la evolución de los personajes y para que dure 50 capítulos, claro.
      Muchísimas gracias por leerme.
      Un besazo.

  4. yovanu dice:

    No estoy segura si salió el anterior comentario, así que va de nuevo.
    Decía que me encantó el blog, no pude parar hasta terminar esta historia. 🙂
    ¡Cuanto drama boller! ¡Que mal que está el personal! Me gustó mucho, vi situaciones perfectamente identificables, algún personaje me resultó desquiciante…la vida misma.
    Por suerte veo que seguís subiendo posts, así que aquí tenes a una fiel lectora.

    Saludines!

    • remendona dice:

      Sí, salió, lo que pasa es que me obligan a aprobarlos primero, aunque solo es en el primero que me mandan.
      De todas formas, reitero mis agradecimientos por coger un trocito de tu tiempo y leerme.
      Un besazo.

  5. Me lo he leído todo en dos días, bueno, en tres o cuatro horas repartidas en dos tardes… estaba enganchadísima, mañana a seguir con la siguiente historia, desde ayer tienes una seguidora más. Besos

  6. lena dice:

    me e leído está historia en un día, (en 3 horas para ser exacta) madre mía me encanto, escribes tan genial, me siento acosadora jaja en haberla leído toda en una tarde y emocionarme tanto y querer matar a yoli y a Laura x ser tan tontas jejeje..
    Pero escribes tan delicioso que valió la pena querer matarlas XD y tener los ojos rojos y cuadriculados.

    Saludos y felicidades x escribir tan, tan no encuentro que palabra sería la indicada pero eso q escribes precioso.

    Besos.

    • remendona dice:

      Buenos días, Lena.
      Ante todo, muchas gracias por haberte pasado por aquí, por leerme, y por haber invertido tres horas en compartirlas conmigo.
      Me alegro de que te gustara la historia. Espero seguir enganchándote con el resto de ellas.
      Un saludo.

  7. Carlie Doe dice:

    Joder! que lectura jajaa, muchas gracias por compartir contigo este novela. Muy buena, y tu muy buena escribiendo. Felicidades!

  8. AURA dice:

    De todo mi gusto tu relato, muchas gracias por compartirlo, un saludo

  9. Wow!!
    Encontré la página casi por casualidad, y me puse a leer con algo de curiosidad, lo que no sabía es que me iba a enganchar de tal forma de leerla de un tirón.
    Realmente es un placer haber dedicado casi todo el día a leer esta historia. Felicitaciones.
    Mañana vuelvo por más relatos.

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