Día 42

Laura parecía indecisa ante mi proposición, pero terminó accediendo. Se sentó al otro lado del sofá, interponiendo entre nosotras un muro que me obligó a respetar su espacio vital. Yo quería acercarme, acariciar su mejilla, quizá su pierna, pero ella parecía reusar cualquier tipo de contacto.

–          ¿Estás aquí solo por la nota?

–          En parte sí. Creo que aún es pronto para intentar algo más serio –respondió.

–          No quería que la leyeras y si ese es el único motivo que te mantiene aquí sentada, es mejor que te vayas.

–          He dicho en parte –aclaró-. También quiero que las cosas vayan un poquito mejor entre nosotras. Nos hemos dado un tiempo, pero no quiero que dejemos nuestra amistad de lado.

–          Tú me has impuesto un tiempo. Yo me casaría contigo ahora mismo.

A Laura le resultó gracioso mi comentario, pero hablaba en serio. Quizá estaba completamente loca, pero, sin duda, era por ella.

–          Cuéntame qué tal van las cosas en la oficina.

–          Mejor, mucho mejor desde que Carmen interpuso la denuncia.

–          Bueno, yo también hice algo, ¿eh?

–          ¿Qué has hecho? –pregunté confusa.

–          He hablado con el director de la empresa, le he dicho que Blanca no representa a mi compañía y que no puede hablar en nuestro nombre. Fue contigo con quién firmé el contrato y solo si tú sigues, la cuenta seguirá vigente.

–          Gracias, cariño –enmudecí -. Lo siento, no quise decirlo.

–          Puedes llamarme cariño, no pasa nada –dijo sonriendo-. Somos amigas, y a las amistades se les puede hablar con ternura. Bueno, ¿y con Carmen qué tal?

–          Se plantó el otro día en mi casa con Esther para decirme que se quieren mucho y que por eso me trataron así.

–          ¡Qué locas! –dijo con dulzura-. ¿Le has perdonado?

–          No sé si debo hacerlo. ¿Qué pasará la próxima vez que discutan? Parece que yo termino siempre siendo el centro de sus males.

–          Dale una oportunidad. Ella ha hecho por ti mucho más de lo que sabes.

–          ¿Qué ha hecho que yo no sepa?

–          Me llamó un día, llorando. Me dijo que te quería mucho, que había cometido el error de acostarse contigo, pero que sabía que a mi lado estarías mejor.

–          Vaya, pues no me parece que sea muy positivo que ande contando por ahí mi vida sexual –respondí enfadada.

–          No me gustó nada que me lo dijera, y en parte fue eso lo que me empujó a los brazos de Blanca. Pero también me ayudó a ser consciente de lo mucho que te quería.

–          ¿Quería? –me dolió que lo dijera en pasado.

–          Te quiero, Yoli. Pero no hablemos de eso, por favor. Aún no estoy preparada.

–          ¿Cómo lo llevas con Blanca? ¿Sigue jodiéndote?

–          He hablado directamente con sus padres y me han vendido la parte que tenían de la empresa. Blanca se ha enfurecido, pero así su familia se ha dado cuenta de cómo es realmente. Creo que cuando me fui, tuvieron la bronca del siglo, porque mi teléfono no dejó de sonar en toda la tarde. Yo ya tenía lo que quería, así es que ni me molesté en tener una discusión con ella.

–          Hiciste bien. Me alegro mucho que hayas salido de esa relación, te estaba consumiendo. ¿No piensas darle su merecido?

–          Paso –contestó con rotundidad-. Estoy bien así, la venganza solo trae más problemas.

Hablamos durante bastante tiempo, pero el sueño se fue apoderando de nosotras. Terminamos en el sofá, completamente dormidas. Su cabeza se apoyaba en mis piernas y la mía se dejó vencer por encima del sofá.

Me despertó el jaleo que hacían las chicas en la cocina. Olía a café recién hecho, lo que ayudó a que me desperezara. Besé la frente de Laura, y ella abrió los ojos. Estaba preciosa, y eso que no habíamos dormido más de cuatro horas. Me miró con dulzura y sonrió. Ella también fue consciente del aroma que provenía de la cocina, y de un respingo, se puso en pie.

–          ¿Qué tal han dormido las accidentadas? –preguntó Julia entre las risas de las chicas.

–          Bien, gracias –contesté avergonzada.

Volvimos a Madrid pasadas las cuatro de la tarde. Dejé a mis compañeras de viaje en sus casas y regresé a la mía para descansar. Me senté en el sofá cerré los ojos y la única imagen que ocupaba mi mente era la sonrisa de Laura. Sin duda alguna, cada día estaba más enamorada de ella. Tendría que esperar a que se decidiera, pero prefería tener a mi amada cerca, no podría dejar que se alejara, nunca se sabe quién puede pasar cerca y conquistarle. Una mujer como ella no duraría mucho tiempo sola.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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