Día 39

Sus cálidos labios se confundían con los míos. Mi lengua, en piruetas imposibles, exploraba la suya en busca de algún detalle que pudiera distinguirla del resto. Las sensaciones eran intensas, un montón de voltios recorrían por mi cuerpo. Mi corazón latía con fuerza, lo notaba hasta en la punta de mis dedos.

Comencé a meter mis manos por debajo de su camiseta, prefería sentir el tacto de su piel. Quería arrancarle la ropa, pero la delicadeza era algo que las mujeres apreciaban, por lo que comencé a subirla, lentamente, sin dejar de besarle, de acariciarle.

Ella frenó en seco mis intentos por desabrochar el botón de su pantalón. También dejó los besos y se apartó de mí.

–          Así no, Yoli, por favor.

–          ¿Así cómo? Pensaba que te gustaba.

–          Y me gusta, me excitas, pero no quiero empezar así.

–          ¿Quieres que te invite al cine, luego vayamos a cenar, para terminar la velada, invitándote a subir a mi casa a tomar la última copa?

–          No, no es eso. Pero sí quiero una cita. Quiero que charlemos, que nos riamos, que empecemos de nuevo.

–          Pero Laura, ya nos queremos. ¿Por qué pasar por todo eso? –qué exigente era esa mujer.

–          Es mejor que me vaya, créeme.

–          No te creo, pero haz lo que quieras.

Vi como Laura desaparecía de mi casa y no pude hacer nada por evitarlo. Pensé que esa noche sí conseguiría mantenerla a mi lado, pero ni de eso fui capaz.

Cuando parecía que las cosas iban a mejor, yo lo estropeé. Volvía a sentirme yo. Sabía lo que quería y a quién amaba. Pero, como siempre, terminé sola en mi piso.

Llamé a Laura mil veces aquella semana. Ni una sola respondió. Quizá se hubiera enfadado. No sabía cómo hacer las cosas bien. Si no podía comunicarme con ella, ¿cómo haría para pedirle esa cita?

Tracé un plan. A la tarde siguiente fui a nuestro bar. Eran las cinco y media, y yo volvía a estar sentada en la misma mesa que la primera vez que nos vimos. Necesitaba algo de inspiración, siempre me había considerado una romántica, pero últimamente, mis deseos corporales habían ganado terreno a mi mente. Llevaba un cuaderno y un bolígrafo. Necesitaba plasmar en papel todos mis pensamientos.

El bar estaba abarrotado de gente. Parecía ser algún tipo de celebración la que había aglomerado a tantas personas allí. Era difícil concentrarse con tanto jaleo. Entre las cabezas, distinguí una cara conocida. Laura había ido esa tarde. Estaba con un grupo de amigos, supongo que era una invitada más en la fiesta. Su sola presencia hizo que la tinta corriera sola por la hoja. Las palabras fluían de mí, pero yo no las controlaba.

“Ahora mismo te estoy mirando. Hoy pareces sentirte bien. Te admiro como tantas otras veces he hecho, contemplando cada detalle, cada gesto que proviene de ti. Hoy no puedes verme, pero sé que me sientes, porque yo te sentí antes de que mis ojos te descubrieran. Eres tan perfecta, tan radiante, que creo volverme estúpida cada vez que te tengo delante.

Has sido mi amiga durante mucho tiempo. Nos hemos amado en secreto. ¿No somos idiotas, cielo? Podríamos estar ahora mismo juntando nuestras manos, pero, en vez de eso, me siento en esta mesa a contemplarte.

Nunca te he dicho el placer que me provoca hablar contigo. Siempre sabes tanto, de tantas cosas, que no hay día que no aprenda algo nuevo. Incluso me has mostrado quién soy y quién no quiero ser.

Anduve perdida durante años, pero tú apareciste en mi vida, iluminando el rumbo que debía tomar. Me volví a perder, y estuviste de nuevo conmigo para guiarme.

Volvías a estar ahí, y yo volvía a descubrirte. Quizá debiera acercarme a ti, sacarte de aquel bar y llevarte conmigo lo más lejos que se me ocurriera. ¡Estás tan guapa cuando sonríes! Pero prefiero admirarte desde aquí, como la primera vez, aunque hoy la gente me impida verte en todo tu ser.

No sé cómo haré para conquistarte, para que quieras estar conmigo cada segundo del día, pero no pienso rendirme. Necesito sentir tu piel, me gusta tanto que me acaricies.

Siento celos de todo, incluso del aire que estás respirando, porque ocupa dentro de ti un espacio que debiera ser mío. Será mío. Seremos nuestras, ya lo verás.

Te amo. Y me da igual el mundo, porque te amo, porque no existe otra cosa más allá de ti. Siempre he sido una cobarde, me oculté sobre una fachada, pero tú tiraste el telón con solo entrar en mi vida.

Te amo. Si me dieras una oportunidad, te lo repetiría cada día con más fuerza, porque con más intensidad lo siento cada segundo que pasa.”

Era mejor dejar de escribir. Arranqué la hoja, ni yo misma quería leerla. La introduje en el bolsillo de mi pantalón, así la tiraría al llegar a casa. No podía permitirme el lujo de ser sincera conmigo misma.

Salí de aquel bar, intentando que Laura no advirtiera mi presencia, cosa que logré. Tendría que haberme dedicado a ser agente secreto.

No podía evitar pensar en mi amada, pero aquella relación tan extraña que teníamos, no me dejaba respirar. Quizá debiera olvidarla.

 

 

 

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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