Día 38

Decidí que no era justo paralizar mi vida por una mujer. Así es que continué saliendo cada noche a tomar algo con las chicas. La diferencia era que antes de las doce estaba en casa, como una buena Cenicienta. Laura también acudía a nuestras sesiones de charla. Me miraba de reojo, yo hacía como que no me daba cuenta, pero sabía perfectamente que, cada noche, rezaba para que no me fuera con ninguna chica.

Comencé a intervenir en las conversaciones sexuales. Todas me escuchan atónitas, hipnotizadas. Quizá fuera la única que no se inventara ninguna de sus historias. Les conté mi primera experiencia con un dildo, y cómo me asusté cuando aquella chica lo sacó del cajón de la mesilla. Era de un rosa tan brillante que pensé que se trataba de algún tipo de chicle con forma de proyectil. Les narré cómo corrí por toda la habitación negándome en rotundo a ser perforada por semejante objeto. Las chicas se partían de risa.

–          Pero, ¿te dejaste hacer? –preguntó una de ellas.

–          Ni de coña. Los obuses para la guerra, que mi vagina no está hecha para los actos bélicos.

Laura me observaba, intrigada por cada una de las historietas que de mi boca emanaban. Quizá hablé más de la cuenta y dije cosas que pertenecían a mi más profunda intimidad, pero quería llamar su atención, porque ella apenas se dirigía a mí.

Una de esas noches, el grupo se disolvió antes de lo habitual, y no llegaron hasta mi portal. Laura tenía que coger ese camino, pues aparcaba el coche en una plaza cercana a mi casa. Íbamos juntas, pero parecía que un abismo invisible separaba nuestros cuerpos. Mi corazón se aceleraba a medida que nos acercábamos a mi destino, la respiración se volvió fuerte y el pecho me dolía de tanto bombear sangre a mi cerebro.

Tenía que decidirme ya, tenía que obligar a Laura a tomar una decisión. Era esa noche o nunca. Mis pies se pararon en seco. Mis brazos se alargaron hasta dar con sus hombros, mis manos los sostuvieron e iniciaron el acercamiento del cuerpo de Laura al mío. No opuso resistencia alguna. Según los centímetros que nos alejaban disminuían, notaba cómo el latir de su corazón y su respiración se acompasaba con la mía. Iba a besarle, esa noche nada podría impedirlo. Daría igual si caían sapos del cielo, si un tornado arrancaba las farolas de mi calle, todo sería en vano, esa noche, yo tenía el control.

Pero no fue así y quise gritar. Cuando estaba a milímetros de los labios de Laura, unos golpecitos en la espalda me sobresaltaron. ¿Quién podría ser sino ella? Puri, la endemoniada.

–          No creo que a esta chica tan femenina le atraigan los mismo gustos que a las camioneras. Porque muy fea no es que seas, pero podrías pintarte un poco. Es un desastre –dijo mirando a Laura -, y tú eres tan mona. ¿Te estaba acosando? ¿Quieres que llame a la policía? ¡Depravada!

–          ¡Cállateeeeee! –grité con todas mis fuerzas.

Puri se quedó blanca, y Laura me miraba alucinando. Aquella vieja asquerosa podía conmigo. Mi paciencia tenía un límite y no iba a permitir que se interpusiera entre Laura y yo.

–          ¿Esta es la tía de aquella que te follabas? ¿Cómo se llamaba? ¿Esther? –preguntó con malicia Laura.

–          ¡Qué barbaridad! Lávate la boca, jovencita. Mi sobrina es una mujer sensata y no caería en las garras del diablo.

Yo no sabía muy bien qué hacer. La verdad es que Laura no había estado muy fina, Esther no quería que su tía se enterara y eso había que respetarlo. Pero por otro lado, me hizo muchísima gracia.

–          Anda, deja de hablar con viejas verdes y vamos a tu cama, que te voy a comer entera.

Ojiplática, esa es la palabra que podría describir a la perfección el único momento en el que Puri y yo habíamos coincidido en un gesto. Laura tiró de mí y yo me dejé arrastrar. Subió sin decir una palabra. Abrí la puerta, ella la cerró. Me sujetó del codo y me dijo: “nos han interrumpido, ahora termina lo que empezaste”.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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