Día 19

Decidí tomarme unas merecidas vacaciones, salir de Madrid, recorrer alguna calle nueva, pisar unos adoquines que mis pies aún no conocieran. Estaba en mi despertar lésbico, y ¿qué mejor lugar para empezar que Sitges?

Resultó fácil encontrar plaza en un hotel a pocos metros de la playa, septiembre seguía siendo una época de poca masificación, aunque no como antes.

Tomé un avión a los dos días de aquel odioso encuentro. Mi viaje empezaría en Barajas, rumbo Barcelona. Una vez allí me subiría en un tren de cercanías, y cogería un taxi en la estación para llegar a mi destino.

El hotel no era gran cosa, pero por lo que había visto en mi trayecto en coche, el pueblo era precioso. El recepcionista me dio una cálida bienvenida y registró mi entrada. Subí a mi habitación en un ascensor que tenía más años que yo, para ser recibida por un enmoquetado pasillo. La verdad es que resultaba bastante claustrofóbico, pero la habitación dio algo de luz a aquella primera impresión. No era muy grande, estaba gobernada por una cama de matrimonio, una tele haría que mis ratos de descanso se hicieran más breves, un cuarto de baño normalito, y un balcón con unas vistas extraordinarias, que compensaba todas las carencias.

Me quité toda la ropa, estaba empapada en sudor, en Madrid la contaminación se llevaba cualquier rastro de humedad, pero en la costa, las cosas eran bien distintas; según salí del avión, me sentí como golpeada por un paño mojado con agua caliente. Tenía la necesidad de quitarme aquella sensación y me duché.

Una vez me hube adecentado un poco, salí a investigar. Era casi la hora de comer y debía encontrar algún sitio en el que saciar mi apetito. Una hamburguesería calle arriba cumplió con mis necesidades primarias. Quizá no era la mejor dieta, pero no había que esperar cola, y eso me permitiría bajar a la playa.

Volví a mi habitación, recogí mi toalla y me puse un precioso bikini que me había comprado en una tienda de la Gran Vía. Ya estaba lista para sentir el cosquilleo del sol mientras se doraba mi piel.

La arena estaba plagada de cuerpos esculturales, auténticos Adonis bronceados, paseando sus impresionantes músculos ante otros machos. Un nuevo ritual de apareamiento que contemplar.

Me habían dicho que Sitges era el paraíso de los homosexuales, pero en mi vida habría podido imaginar que la descripción fuera tan exacta. Creo que en toda la playa no había ni una sola pareja heterosexual. También es cierto que el número de mujeres era bastante reducido, pero eso tampoco me importaba demasiado, no quería ligar, quería estar tranquila en un ambiente en el que me sintiera cómoda.

Cuando el sol comenzaba a ocultarse, decidí que era hora de recoger y subir a darme una ducha. Esa noche cenaría algo ligero y me iría pronto a dormir. Quería disfrutar de la claridad del día el máximo de horas posible. Así es que eso hice, una ducha, busqué un restaurante, pedí una ensalada y me dirigí al hotel.

Por el camino, un grupo de chicas bailaban en plena calle. Venían directas hacia mí. Una de ellas, quizá la líder del grupo, intentó que siguiera sus arrítmicos pasos, pero yo continué mi camino. Detesto que la gente me acose por la calle, ni hombres ni mujeres, me gusta caminar tranquila, sentirme segura.

Esa noche dormí como hacía días que no podía. El sol se colaba entre las rejillas de la persiana, lo que me obligó a entreabrir los ojos. Miré el reloj, eran las diez. Todo mi plan se había ido al traste, pero mereció la pena después de haber descansado así. Me desperecé poco a poco, me incorporé en la cama y vi como mi móvil empezaba a iluminarse. Cogí el teléfono y la cara de Carmen inundó la pantalla.

–          ¿Si? –dije al descolgar.

–          Hola, guapa. He pensado que debes estar muy aburrida tú sola en un lugar de lujuria y perdición como Sitges, así es que, si quieres compañía, solo tendrás que llamar a la puerta de al lado o asomarte al balcón.

Me quedé desconcertada. ¿Aquella mujer se había atravesado medio país para hacerme compañía? Ni yo me lo creía. Subí la persiana, abrí la puerta y allí estaba aquella loca, saludándome mientras colgaba el móvil.

–          Anda, ven, que estás como una cabra –le dije sonriendo.

Ella aceptó encantada mi invitación. Tardó menos de diez segundo en golpear mi puerta.

–          ¿Estás así todavía? Vamos a la playa.

–          ¿Qué haces aquí?

–          Venga, ahora no me digas que no querías ver a nadie y esas cosas, porque venir a Sitges sola es un suicidio social –parecía indignada por mi pregunta.

En cierto modo me alegraba de tener a Carmen conmigo. Me sentía sola y ni yo me creía que pudiera desconectar del mundo. Ahora podría salir por la noche, tomar unas copas, tener con quién charlar o compartir los baños en el mar.

–          Venga, que te invito a desayunar –insistió.

Pasé un día estupendo. Si en aquel momento de mi vida necesitaba compañía, sin duda era la de Carmen. Había sido un punto de apoyo muy importante en mi cambio de rumbo y necesitaba que estuviera junto a mí, curando mi dolor, cuidando de mí. Ella estaba ahí, conmigo, aunque yo hubiera intentado alejarme de todo, incluso de ella.

Salimos a cenar y luego a tomar unos cócteles, que mermaron mis capacidades. Pero disfruté mucho, demasiado, quizá. No parábamos de reír, de bailar, de cantar. Nos hacíamos las interesantes ante las chicas guapas que colmaban los bares. Por unas horas, me sentí la reina del mundo.

–          ¿Te quedas a dormir conmigo? –pregunté con mi voz embriagada.

–          Sí, pero no vale meter mano.

–          Prometido.

Anuncios

About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
Esta entrada fue publicada en Uncategorized, Yoli y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s