Día 14

El dolor había vuelto, y los gritos no ayudaban. Encima de que se cuela en mi casa sin avisar, sin ser invitada, que se sienta en mi sofá, comienza a gritarme. Aquello no podía consentirlo.

–          Mira, me duele la cabeza. No entiendo ni una palabra de lo que dices. Haz el favor de irte –dije con el tono más sosegado que podía.

El griterío cesó, pero Laura no se movió ni un milímetro. Me miraba de arriba a abajo de una forma muy rara, y, de pronto, comenzó a reír. Su reacción confirmaba mis sospechas, estaba como una cabra.

–          ¿Qué es tan divertido? –me estaba comenzando a enfadar-. Te he dicho que te vayas. Me da exactamente igual que no quieras volver a verme, pero no te quiero aquí, así es que haz el favor de marcharte.

–          Si una mujer me recibe en su casa así, yo no me voy –dijo mientras se reía.

–          Yo no te he recibido, te has colado. Además, ¿cómo se supone que estoy?

–          Muy buena –volvió a reír-. Anda, mira hacia abajo.

Hice caso a su comentario y descubrí que la bonita bata que me había puesto para cubrir mi desnudez, decidió que era mejor desabrocharse y dejar al aire toda mi anatomía. Inmediatamente, como poseída por el espíritu de una abuela, crucé las telas y até con fuerza el cinturón. No sé qué clase de encantamientos me hacía esa mujer, pero siempre terminaba más avergonzada que un político infiel.

–          ¿Por qué te tapas?

–          ¿Por qué no te vas? –aunque me estuviera muriendo de vergüenza no iba a dejar que Laura me manipulara.

–          Porque quiero que hablemos.

–          Tú no querías hablar, ahora yo tampoco. Fin de la discusión. Vete.

–          No me pienso ir. ¡Qué cabezota eres! –si encima tendría yo la culpa-. Siéntate, por favor. Deja que me explique y luego, si quieres, me voy.

Laura palmeó un par de veces el asiento, indicando que me aposentara a su lado, yo me senté en el otro extremo del sofá, asegurándome en todo momento de que mis vestiduras no enseñaran más de lo necesario.

–          Lo siento –dijo-. Reconozco que me puse celosa.

–          ¿Celosa? ¿De qué?

–          Deja que hable, luego me preguntas lo que quieras, ¿vale? –asentí con la cabeza-. Yoli, me gustas, me gustas mucho y me cuesta lidiar con ello. Acabo de salir de una relación muy larga, ya lo sabes; pero cuando estás cerca, solo soy capaz de pensar en besarte. Me lo prohíbo, no quiero que tú seas uno de los clavos, te haría daño, lo sé. Eres una buena chica y lo que menos necesitas en este punto de tu vida es a una resabida de las relaciones –parecía realmente angustiada-. Te intento dejar ir, que vueles libre, que disfrutes con otras mujeres, pero cuando te veo con ellas, como anoche, que te besan, te acaricia, te susurran al oído, se me revuelven las tripas, porque siento que esos besos, que esas caricias, que las palabras dulces deberían ser mías.

–          No sé qué decirte, Laura.

–          Dime que no me quieres, que ni te gusto, dime que prefieres follarte a mil mujeres, que elegirías la mutilación antes que hacer el amor conmigo.

–          ¿Estos son los bollodramas de los que me hablabas? –ella asintió avergonzada-. Laura, sí me gustas. No sé si te quiero, aún es pronto. Con respecto a follar, no tengo prisa, pero si me van a cortar alguna parte de mi cuerpo, sin dudarlo preferiría acostarme contigo.

Laura rompió a llorar. Odio que la gente llore, me ablandan y al final hacen conmigo lo que quieren. Tuve que acercarme y abrazarle, ¿qué otra cosa podía hacer?  Ella se apoyó en mi pecho, y continuó el lagrimeo durante un buen rato.

Parecía haberse apaciguado cuando levantó la cabeza, me miró y me besó. ¡Qué manía tenía esta mujer de besarme cuando tenía las defensas bajas! Esta vez no dejé que ella finalizara un momento tan esperado, fui yo quien se apartó. Su cara denotaba tristeza, pero la situación era insostenible, y un par de magreos no ayudarían en nada.

–          Es mejor que me vaya –sollozó despechada.

–          No, quédate. Preparo algo de cena y vemos una película –no podía dejar la conversación así.

Laura aceptó a regañadientes, pero puso una condición, ayudarme a preparar la comida. Nos levantamos y nos dirigimos a la cocina. No tenía mucho en la nevera, con el trabajo y el último encargo del cliente, comía mucho fuera de casa y cuando llegaba, cualquier cosa bastaba para saciar mi apetito. En uno de los armarios encontré algo de pasta, la solución de las solteras, la haría a la carbonara y listo.

Laura se encargó de poner la mesa. De reojo miraba cómo su presencia llenaba el salón. Era tan elegante que no entendía cómo podía sentirse atraída por mí.

–          ¿Por qué me has apartado mientras te besaba? –preguntó mientras cenábamos.

–          Las cosas no se hacen así.

–          ¿Cómo se hacen?

–          Si quieres un beso, tendrás que ganártelo –saber que le gustaba convertía mi actitud en chulesca.

Una vez hubimos terminado, recogimos los platos y los metimos en el lavavajillas. Creía que la discusión sobre la película sería dura, pero ella se conformó con la primera que saqué, “La maldición de las brujas”, el caso era avergonzarme.

Tenía a una mujer preciosa sentada a mi lado, una a la que besaría hasta que no me quedaran labios, y yo, como una idiota, allí sentada, sin decir nada, viendo aquella absurda película infantil y a Angelica Houston diciendo: “y el niño ya no es un niño, el niño ¡es un ratón!”. De vez en cuando Laura se reía, supongo que le hacía gracia su horrorosa elección.

–          ¿Ves este tipo de películas muy a menudo? –preguntó con ironía.

–          No, solo cuando una chica guapa me ve desnuda, para rematar la faena.

–          ¿Lo gané ya? No puedes decirme que no después de esto.

–          ¿Qué has ganado? –y sin dejarme terminar la frase, me besó.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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2 Responses to Día 14

  1. littleparrot dice:

    Los bollodramas que acaban con risas en un sofá, viendo una peli mala en buena compañía, son menos bollodramas.

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