Día 10

Sus labios estuvieron junto a los míos durante solo unos segundos. No era mi primer beso con una mujer, ese se lo regalé a Carmen, pero sí el primero que ansiaba con todo mi cuerpo. Si Laura hubiera sido un chico ya sabía perfectamente lo que debía hacer, pero no lo era. Mis manos permanecieron inmóviles contra el sofá, sujetándolo con fuerza, como si mi mundo se estuviera desmoronando por culpa de esa mujer.
–    ¿He conseguido que dejaras de pensar? –preguntó mientras se separaba de mí en contra de mis deseos.
–    ¿En qué? –mi voz volvía a sonar rota por los nervios.
–    Pues en todo eso que daba vueltas en tu cabeza, se veía desde aquí. Bueno, vístete, que nos vamos a tomar unas copas con las chicas.
Y así me dejó. Deseosa de su boca, confusa, perdida. Me limité a obedecer, quizá aquello había sido algún turbio juego de lesbianas que yo aún no alcanzaba a entender.
Llegamos al bar poco tiempo después. Allí estaban las chicas que acompañaron a Laura la noche anterior. Parecían contentas de verme, aunque me miraban recelosas, supuse que tenía cara de alucinada y habían creído que algún tipo de droga corría por mis venas volviéndome completamente idiota, pero no era así, soy idiota, estúpida por haber pensado que Laura sentía algo por mí.
Todas bailaban y canturreaban, pero mi cuerpo no se sentía con la coordinación suficiente como para moverse del taburete. Creía ver miles de ojos escudriñándome, aquellas chicas sabían lo que había pasado, lo notaban, ¡menudas víboras sedientas de drama!
Enfrascada en mis pensamientos, la voz de Laura consiguió sobresaltarme, se había apoyado en mi hombro mientras me decía: “Las tienes a todas locas. Anda, sal a bailar con nosotras, verás cuánto ligas”. Para eso precisamente estaba yo, para ligar. Esta mujer no entendía nada, no me quería, fui para ella un beso más. Al menos me había ayudado en la fuga de agua, pero eso no justificaba ni el beso ni el comportamiento impasible que tenía conmigo. ¿Quería guerra? Pues la iba a tener. Se había acabado ser una mojigata, ahora sería la lesbiana suprema, la cochinona mejorada, la máquina de romper corazones.
Bailé hasta la extenuación, bebí hasta que mi visión se volvió grisácea. Besé a muchas mujeres, sin ser capaz de recordar sus nombres, ni tan siquiera sus caras. Lo único que podía vislumbrar era el rostro de Laura, detrás de un montón de chicas, parecía no aprobar mi comportamiento, pero llegada a ese punto, poco me importaba lo que esa mujer pudiera pensar de mí.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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