Día 5

Carmen siguió mi farsa sin importarle mucho el motivo, parecía disfrutar de mis besos, aunque supiera que no era la destinataria final. Pasaron unos segundos, o minutos, no sé, resultó ser eterno, y me despegué de mi amiga. La mirada de Carmen era indescifrable, su boca no entonaba palabra.
–    Lo siento –me disculpé.
–    No te disculpes, mujer, ha estado bastante bien. Además, lo que quiero es que me des una explicación. ¿Quién es esa chica? ¿A qué le temes tanto como para besarme así? ¿Te ha hecho algo? ¿Te da miedo? – Carmen y sus preguntas, debería trabajar para la CIA.
–    Es solo alguien que conocí el otro día, y no quería hablar con ella – dije en el momento en el que paró la música.
–    Pues solo tenías que decírmelo – expuso una voz en mi espalda.
Había metido la pata hasta el fondo. Ya no podría solucionar aquel tropiezo, pero tampoco tendría que enfrentarme a Laura. Seguí su marcha en los desorbitados ojos de Carmen. ¡Soy tan estúpida! Agaché la cabeza, y me dejé interrogar por Carmen. Le conté todo, con cada detalle. Ella solo sonreía, parecía más divertida que preocupada por mí, y cuanto más conmocionada me encontraba, más le gustaba mi historia.
–    Bueno, pues ahora, deja de hacer el gilipollas, vas allí, le pides que te acompañe fuera y le cuentas lo que te pasa – la sabiduría tenía cuerpo, y era el de Carmen.
–    Ni de coña.
–    No hagas que te lleve yo – amenazó.
–    ¡Que no! No pienso ir allí a pasar más vergüenza aún. Ya está, se acabó lo que se daba. Ahora me odia, y yo me odio, ya estamos en paz.
–    Vale. Pues voy yo y se lo cuento, tonta de los cojones.
Mejor yo que Carmen, al menos mediría mis palabras y ella no tenía pelos en la lengua. Tomé aire, y comencé mi camino de penitencia. Al llegar a su altura, le pedí que me acompañara fuera. Su respuesta, como era de esperar, fue una negativa. Volví con las orejas gachas a mi primer emplazamiento. Carmen parecía enfadada, me cogió del brazo y me arrastró nuevamente hacia Laura. Una vez allí, le susurró algo al oído, debía ser muy interesante, porque asentía constantemente y me miraba de reojo. Al final accedió a acompañarme a la calle. Carmen se dio media vuelta y me hizo prometer que no la cagaría más.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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